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CADA ZONA VITIVINÍCOLA TIENE SUS CARACTERÍSTICAS PROPIAS, QUE SE REFLEJAN DIRECTAMEN­TE EN EL ESTILO Y CALIDAD DE LAS UVAS. LOS VINOS ELABORADOS CON ESTAS UVAS PODRÍAN CONVERTIRSE EN UNA NUEVA VENTAJA COMPETITIVA PARA LA ARGENTINA.
 
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Txt: Diego Eidelman
diego@clubsycountries.com

Está de más decir que en cuestiones de vinos, en el mundo se nos identifica con el Malbec, un cepaje que no ganó su actual fama en la región francesa de Cahors, su lugar de origen. En nuestro país logró una expresión notablemente superior que no había conseguido antes en ningún otro sitio.

Desde su introducción a mediados del siglo XIX gracias al agrónomo francés Michel Aimé Pouget, y a lo largo de sucesivas cosechas, las particularidades de nuestros terruños y la selección de plantas, fueron confiriendo a esta uva francesa una nueva personalidad, un estilo que se diferenció notablemente de su familiar europeo.

El carácter distintivo del Malbec argentino surge a partir de las condiciones climáticas, de una suma de la cantidad anual de radiación solar, amplitud térmica, escasez de precipitaciones y, en gran parte, también gracias a la constitución de los suelos.

Pero si bien es cierto que el Malbec nos representa internacionalmente, es tan sólo uno de los tantos ejemplos que tenemos en nuestra vitivinicultura. Lo que en realidad nos hace diferentes, es la altura en la que han sido implantadas nuestras viñas, tal vez las más prominentes en todo el mundo.
Para citar algunos ejemplos de las variaciones en la elevación de los viñedos en Argentina, podemos observar que en la Patagonia se encuentran en el orden de los 300 msnm. En las zonas más bajas de Mendoza, como las del Este, las alturas promedian los 600 msnm. Sin embargo, las principales zonas de Mendoza rondan los 900 a 1.000 msnm y en el Valle de Uco, unos 100 km al sur de la ciudad de Mendoza, la altura de los viñedos llega a los 1.700 msnm. En la provincia de San Juan hay viñedos de alrededor de 1.400 msnm y en las regiones del noroeste, las alturas son aún más pronunciadas, como por ejemplo en La Rioja, en donde alcanzan los 1.700 msnm, lo mismo que en Catamarca y en Salta, cuyos valles se encuentran entre los 1.700 y 3.000 metros de altura.
Probablemente, al observar esta dispersión de elevaciones de terrenos, más allá de definirnos como un país productor de vinos de altura, deberíamos posicionarnos en el plano internacional como un país con marcada diversidad en sus terruños.
Ahora bien, la pregunta que muchos se harán puede resultar evidente. ¿En qué modo la altura influye en el vino? La respuesta no es una sola, son varios los factores que se deben considerar.
El primero tiene que ver con el Sol, más precisamente con la radiación. A mayores alturas, los rayos solares deben atravesar menos capas de atmósfera, que es un filtro natural de la radiación. A su vez, esto tiene un efecto directo en la fotosíntesis que realiza la vid, imprescindible para la producción de sustancias necesarias para el crecimiento y desarrollo.
Luego está el factor temperatura. Por cada 180 metros que nos elevamos, la temperatura desciende un grado centígrado. Por esto, los viñedos en zonas altas tienen noches muy frías y días soleados intensos, es decir una amplitud térmica muy marcada, que repercute directamente en la maduración de la uva, el espesor de sus hollejos y el nivel de acidez. Uno de los elementos diferenciales clave es justamente el grosor de la piel de la uva, en donde se encuentra la mayor concentración de polifenoles -los bien conocidos taninos-. Esta sustancia, bien manejada enológicamente permite obtener vinos con colores vivaces, aromas y sabores de gran intensidad y capacidad para perdurar a través del tiempo, luego de una adecuada crianza en roble.
Más allá de la calidad excepcional de nuestros vinos de altura, es importante que podamos hacer hincapié en las ventajas propias de estas regiones, únicas en el mundo. Es un hecho que Argentina cuenta con vinos elaborados en base a uvas de los viñedos más altos que existen, por lo tanto, sería muy oportuno aprovechar esta gran ventaja diferencial para afianzar nuestro posicionamiento y cautivar los mercados. Esto no significa de ningún modo que deberíamos dejar de lado nuestro perfil de Malbec = Argentina, pero quizás sería más prudente evitar que toda la atención recayera en un solo cepaje, cuando en realidad contamos con muchas ventajas competitivas, llámese Vinos de Altura, Patagonia, Torrontés y muchas otras más.


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