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Alzando una copa de su favorito Pol Roger, Winston Churchill solía decir con palabras del mismísimo Napoleón Bonaparte, “…En la victoria te mereces Champagne, en la derrota lo necesitas…”
 
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Txt: Diego Eidelman
diego@clubsycountries.com

Churchill probó por primera vez el Pol Roger Vintage 1928 y además de convertirse inmediatamente en su favorito, a partir de ese mismo día comenzó a desarrollar una profunda amistad con los propietarios del establecimiento de la región de Epernay, en la Champagne.
El vínculo entre las familias Churchill y Roger, trascendió más allá de la muerte del primer ministro inglés, ya que en el año 1975, es decir, exactamente una década después de su deceso, la casa francesa rindió tributo al célebre estadista y político británico mediante la creación del Pol Roger Cuvée Sir Winston Churchill, un Champagne con las características que él prefería: cuerpo robusto y cierta maduración. La composición exacta del blend de vinos base siempre ha sido un secreto familiar, sin embargo, se presume que hubiera contado con la aprobación del hombre a quien había sido dedicado. Churchill decía “…mis gustos son simples, se me satisface fácilmente con lo mejor…” Este Champagne está elaborado en base a las mejores uvas Pinot Noir y Chardonnay de viñedos que se utilizaban en épocas del mandatario. Desde entonces, solamente se elabora en cosechas excepcionales. Este millésimé se realizó en las añadas 1979, 1982, 1985, 1986, 1988, 1990, 1993, 1995 y 1998. Tal era el entusiasmo de Churchill por su marca predilecta, que bautizó Pol Roger a uno de sus caballos de carrera favoritos, que fue vencedor en 1953 del gran premio Black Prince Stakes en el Kempton Park de Londres, en el día de la coronación de Su Majestad, la Reina Isabel II.
Como vemos, en el transcurso de la historia del Champagne se han generado innumerables anécdotas. Una de las más difundidas es la del monje benedictino Dom Pérignon, quien se desempeñó en la abadía de Hautvilliers a partir del año 1668. Este clérigo es principalmente conocido a partir de la marca que hoy lleva su nombre, pero poco se conoce popularmente sobre él y del papel fundamental que ocupó en el desarrollo de la famosa bebida burbujeante.
Han transcurrido más de tres siglos desde entonces y hasta el momento no se tiene la certeza si todas las historias que se cuentan son reales o simplemente un mito.
En un artículo que se le dedica en la Biblioteca General de la Orden de Saint Benoît, se lo cita como un fino degustador. Se escribe acerca de él como un hombre único, conservado hasta la ancianidad decrépita, con una delicadeza de gusto tan singular que le permitía discernir sin equivocación al degustar una uva, el sitio en el que había sido producida. Se le solían presentar muestras de todas las viñas del territorio y luego de degustarlas, Dom Pérignon las clasificaba de acuerdo con el tipo de suelo de donde provenían y definía cuál era la mejor combinación para obtener la mejor calidad de vino. Todo estolo realizaba teniendo en cuenta el calor o la humedad de los veranos y los otoños. Más allá de su reconocida aptitud para identificar a las uvas, este monje francés revolucionó la elaboración del vino. La gran innovación consistía en combinar las uvas de diversos orígenes y no de sólo un viñedo, ya fuera de diferentes partes de su terruño o bien de otras villas cercanas. De este modo podía contar con una amplia variedad de alternativas para realizar los assemblages, armonizando y potenciando las calidades y minimizando los defectos. Esta idea fue el origen del éxito de los vinos efervescentes de Champagne.
Más allá de sus lazos con sucesos históricos y las surtidas anécdotas que giran a su alrededor, el Champagne siempre estuvo ligado a sucesos excepcionales. Ha presenciado las ceremonias de proclamación de reyes y monarcas de los tiempos modernos, también se lo asocia con aquellas situaciones que ocurren por primera vez, como la botadura de barcos importantes, en el momento en que el Eurotunel unió a Francia e Inglaterra, en la inauguración del Canal de Panamá y el vuelo inaugural del Concorde, entre otras miles de grandes ocasiones. Durante siglos se lo ha utilizado para el festejo de aniversarios, homenajes, bodas, triunfos y momentos únicos.
Hoy en día, esta chispeante bebida se ha popularizado y forma parte de nuestras vidas. Más allá de estar asociado al glamour, la seducción y el romanticismo, el Champagne -o espumantes locales es frecuente encontrarlo en todo momento que requiera una cuota de alegría, vivacidad, placer y frescura. Volviendo a Winston Churchill, él se refería a esto citando en sus memorias: “…el escritor, el político y el hombre de buen gusto están de acuerdo, el Champagne es un placer cotidiano para aquellos que saben qué significa vivir…”


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