Notas > AUTOS & ESTILOS > SALA DE MÁQUINAS - ¿NAFTA O DIESEL?
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Hace muchos años, el motor diesel importaba a pocas personas: solamente el transporte pesado y movimientos (grúas) empleaba motores “gasoleros”. Hubo también aviones con estos motores, que debían estar muchas horas volando sin necesidad de repostar combustible.
 
por CARLOS DANIEL ARENA

El gigantesco hidroavión Blohm & Voss de seis plantas de poder Jumo diesel, puesto en funcionamiento en 1938 podía volar sin reabastecimiento desde Hamburgo a Nueva York transportando 60 pasajeros en cómodas literas (para la época, un portento).
Sin embargo los franceses, y más precisamente la casa Citroën, en el año 32 tenía un auto (el primero en el mundo en emplearlo) con planta de poder diesel: la fantástica “Rosalie” o C6. El mismo también era “flotante” como el de 6 cilindros que también equipaba a dicho modelo y que para la época era tecnología de punta en serio. En nuestro país, el empleo masivo de automóviles con motor diesel comenzó a mitades de 1952, cuando el gobierno importó gran cantidad de los famosos Mercedes Benz 170 D para su uso como taxímetros (llamados popular y cariñosamente “Merceditas” -como la canción que estaba en boga- y también “Hormiga Negra” por su color negro y su tamaño que, en años de los paquebotes americanos, era pequeño).
Los motores diesel eran ruidosos y sibilantes, pero hubo casos en que los famosos “Merceditas” circularon ¡700.000! Km. sin abrir el motor; uno, perteneciente a un taxi porteño con ¡un millón de kmts sin abrirlo! fue llevado a la Casa Matriz, en Alemania, donde se exhibe en la actualidad. Es cierto que los motores eran más pesados, malolientes, algo sucios y no tenían “el pique” de los nafteros; pero eran irrompibles, duraban una eternidad y eran más austeros.
Las cosas empezaron a cambiar, y en la industria hubo dos hitos cruciales: en 1978 aparece el primer motor equipado con turbo: el turbodiesel Mercedes Benz 300SD que erogaba 80 CV de potencia con un cubicaje de tres litros. Diez años después, Fiat equipa su modelo Croma con un motor diesel de inyección directa: hitos cruciales, junto con el C6 Rosalie.
A partir de la década del 90 los gasoleros comenzaron a tener enormes progresos, acercándose en prestaciones a los nafteros.
A partir del año 2000 los diesel comenzaron a dejar de lado la admisión atmosférica pasando rápidamente al turbodiesel.
Del turbo de geometría fija al de geometría variable; del monoturbo al biturbo; de la inyección common-rail de baja presión a los más de 2.000 bares actuales; de los inyectores mecánicos a los piezoeléctricos; cambiaron tanto estas plantas de poder que con sus predecesores son irreconocibles.
En Europa durante la última década se han vendido coches diesel en forma exponencial, invirtiendo la balanza de pantentamientos de una manera espectacular: actualmente el 70% de los mismos corresponde a autos con motores diesel. Ahora bien ¿qué motor es mejor? Depende, y la columna cree que esa es la respuesta correcta: no nos podemos ceñirnos a un criterio “porque sí”: el “no me gusta porque no me gusta”, tampoco. Las diferencias entre prestaciones, sonido y confort de uso general se van volviendo más subjetivas. Y el ahorro ya no entra entre los parámetros que decidirán el uso de una u otra planta de poder. El sobrecoste puede compensar el uso de uno u otro.
¿Para qué un diesel si no hacés tantos kilómetros? ¿Hacés 20.000 por año y te compraste un naftero de 200 CV turbo? Ni lo uno ni lo otro. Pero siempre habrá una brecha de rendimiento por las características del combustible utilizado y a la diferencia de los ciclos térmicos que usan. A ese respecto: a igualdad de potencia un diesel siempre va a consumir menos que un “nafta”.
Hay que tener en cuenta que muchos parámetros hoy día han dejado de ser válidos: como que los diesel largan humo, que no andan rápido, que hacen un batifondo bárbaro: ya no.
¿Qué elegir? A gusto personal, entiéndase bien, personal de la columna, la apuesta va por el diesel, por una ecuación muy simple: es muy superior en rendimiento calórico y menor el gasto de mantenimiento (siguiendo estrictamente las instrucciones del manual en cuanto a lo expuesto). Entonces: ¿Porqué en la Argentina se cambió la tendencia y la venta de autos diesel es claramente inferior a los nafteros? Por un tema de insuficiente destilación de petróleo y de costos, ya que muchos autos que se venden en nuestro país son de factura brasileña, y en Brasil está prohibida por ley la fabricación de autos con motores diesel.
Es todo un tema para desarrollar y que nos llevaría casi todas las columnas de la revista: hay tela para rato. Se lo firmo.


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