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Entre lo cosmopolita y lo precolombino. quechua: Bulibya Mamallaqta; aimara: Wuliwya Suyu; guaraní: Tetä Volívia) Oficialmente Estado Plurinacional de Bolivia,es un país sin litoral marítimo situado en el centro-oeste de América del Sur que cuenta con una población de cerca de 10,5 millones de habitantes. Limita al norte y al este con Brasil, al sur con Paraguay y Argentina, y al oeste con Chile y Perú. Comprende distintos espacios geográficos como la Cordillera de los Andes, el Altiplano, la Amazonía y el Chaco, siendo así uno de los países con mayor biodiversidad en el mundo.
 
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por JOSÉ MEDRANO

Se la conoce como “El País del Altiplano”; tiene la ciudad más alta del mundo; el lago navegable más alto del planeta; se practica ski en la pista más elevada de la Tierra, y poco se conoce sobre su territorio situado en las llanuras tropicales de las cuencas del Amazona y del Plata. Esto sin contar sus ciudades llenas de historias, mitos y secretos. En este número un recorrido por la indómita Bolivia.

Para recorrer los puntos más destacados de un país tan diverso como Bolivia conviene separar los tantos y saber que habrá momentos urbanos, cosmopolitas, precolombinos, salvajes y naturales. Y en esta ocasión todo lo veremos en torno a nuestras tres ciudades elegidas: La Paz, Potosí y Cochabamba. Empecemos por la central, aquella que, dicen, es “tumba de tiranos y altar de victoria”.

LA PAZ
Se trata de la capital más alta del mundo que, fundada entre los 3200 y los 4000 metros de altura, en 1548 fue escenario de múltiples batallas por la puja del poder. Hoy, convertida en una metrópoli de más de un millón de habitantes, la ciudad se muestra como un escenario de gran belleza durante el día y llena de irreal misterio durante la noche. Dueña de una diversidad como pocas en América Latina, La Paz concentra los principales atractivos turísticos del país.
Entre sus barrios y zonas más importantes, el Casco Viejo es el que destaca como centro histórico de la ciudad. Lugar que en la actualidad alberga museos, hoteles, comercios, el Palacio de Gobierno y el Congreso Nacional. Vale detenerse en su arquitectura. En su zona central es donde se ubican los principales comercios y restaurantes. A sólo diez minutos de este lugar, el barrio Sopocachi es el más antiguo de todos. Aquí vale observar su arquitectura residencial, que se mantuvo a pesar del desarrollo de la ciudad. Finalmente es de visita obligada el barrio Miraflores, separado del centro de la ciudad por un largo cañón (ahora llamado Parque Urbano Central) y a su vez unido por el Puente de las Américas y dos avenidas. El crecimiento de este barrio lo llevó a convertirse en uno de los más importantes centros comerciales y de recreación del país. Alberga universidades, los principales hospitales, la importante facultad de Medicina y el Estadio Hernando Siles, el más grande del país.
Dispersos en los distintos barrios de la ciudad también hay museos, galerías y centros que vale la pena visitar. Quizás uno de los imprescindibles sea el Museo Nacional de Arqueología, popularmente llamado Tiwanaku, con colecciones de la gran civilización Tiwanakota -considerada la más antigua y adelantada de América-, de tribus de la selva y una sala especial dedicada a las deidades de oro halladas en el lago Titicaca. La Casa del Marqués de Villaverde, hoy Museo de Etnografía y Folklore, data del 1790 y expone muestras de artesanías, trajes típicos e instrumentos musicales. Otra antigua casa alberga al Museo de Metales Preciosos Precolombinos: el célebre Museo del Oro. La construcción fue hecha en el siglo XVI y posee una rica colección de objetos en oro y plata. Para cerrar este recorrido paceño, en el Mercado de Los Brujos, en torno a la iglesia de San Francisco, encontrará las ventas más escogidas en medio de las calles coloniales Sagárnaga y Linares. La feria lleva ese nombre porque en ella se venden productos curativos y tradicionales de la cultura Kallawaya, de pensamiento mágico.
Lago Titicaca. A sólo 65 kilómetros de La Paz se encuentra el lago Titicaca, el más alto del mundo, de aguas cristalinas y con pequeñas islas entre las que se destaca la Isla del Sol. Conocido como el “Lago Sagrado de los Incas”, es un atractivo maravilloso para los amantes de la naturaleza, ideal para disfrutar de una vista inolvidable de la Cordillera Real de los Andes y poder conectarse con el medio ambiente. Consejo: trate por todos los medios de llegar hasta la Isla del Sol: es la más extensa y colorida que existe en el país y se puede ver un manantial con tres fuentes naturales.Se ofrecen distintas lanchas y botes para recorrerlas y si cree en los mitos, se dice que quien beba de sus aguas rejuvenecerá diez años. Nada mal, ¿no?

POTOSÍ COLONIAL Y MINERA
Se trata de la reproducción de una ciudad española del siglo XVI, caracterizada por tener una iglesia cada dos cuadras. Situada en las planicies de la Cordillera de los Andes a unos 4000 metros de altura, su clima seco y frío hace que se vea durante todo el año resplandeciente, sin nubes y con el imponente “Cerro Rico” de fondo. La ciudad fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco luego de que venciera al tiempo y se mantuviera intacta hasta nuestros días. La expresión ¡Vale un Potosí!, en boga en la Europa del siglo XVI, tiene su origen en la importancia que la Villa tenía para el mundo, merced a la producción de plata y el movimiento humano y económico que generaba.
Recorrer sus calles y visitar sus edificios, conventos e iglesias provoca ese deseo de haber estado allí en la época de mayor esplendor, cuando era comparada con París. En un recorrido por la ciudad no se debe dejar de visitar algunos sitios como los que recomendamos en este breviario.
Entre los sitios privilegiados, La Casa de la Moneda es uno de los más importantes repositorios de la historia de la extracción minera colonial. Algunas salas son reconstrucciones de dormitorios, comedores u otros espacios típicos de la época, otras contienen exposiciones de pintura colonial y republicana, textiles indígenas, vestimenta típica de las comunidades y testimonios de la Guerra del Chaco con Paraguay. Pero lo principal en este museo es que muestra el pasado de la Casa como centro de emisión de la moneda imperial, además de una exposición casi erudita de la colonia.
Luego, la Torre de la Compañía es un convento que, junto con el Cerro Rico y la Casa de la Moneda, es un símbolo de Potosí en su máximo esplendor. Constituye el principal monumento religioso del siglo XVIII en Bolivia.
Finalmente, el Museo de Santa Teresa de 1761 con su bella colección de cuadros y objetos religiosos y la Iglesia de San Francisco, la primera que se edificó en Potosí con una exposición de cuadros que incluye uno del pintor Melchor Pérez de Holguín, de los tres más grandes de América, completan este imprescindible recorrido para disfrutar de un increíble viaje en el tiempo.

COCHABAMBA
Considerada como la capital de los valles de Bolivia, esta ciudad se encuentra a 2500 metros de altura y está rodeada por campos y valiosos vestigios preincaicos que hacen que conserve su expresión colonial y las costumbres que heredó de sus antepasados Quechuas y Aymaras. Antes de la llegada de los conquistadores españoles, el valle de Cochabamba fue habitado por culturas primitivas que luego cayeron bajo el dominio de los Collas y su herencia aún se conserva al día de hoy. Aquí bien vale caminar sus calles, recorrer la Plaza 14 de setiembre o el Palacio Portales. Y eso es sólo el principio: ciudad y valle tienen mucho que mostrar. Lean sino…
Ubicado en el cerro San Pedro, el Cristo de la Concordia es una monumental escultura del artista César Terrazas Pardo, quien quiso eternizar en su obra el gesto de un Cristo protector. La imagen tiene una altura de 34 metros y si se suma la dimensión del pedestal, alcanza los 40. Desde el cerro de San Pedro se puede tener una imagen grandiosa del valle de Cochabamba. Además de este imponente monumento, en el colorido mercado La Cancha se puede conseguir de todo y respirar el auténtico espíritu de la indómita Bolivia: aquí se pueden comprar desde vistosas artesanías hasta los más modernos equipos tecnológicos. Pero así como está el mercado, el Palacio Portales, construido con aires de ostentación por el “barón del estaño”, Simón Patiño, es por sus dimensiones y líneas arquitectónicas, un lugar de visita imprescindible para quienes llegan a Cochabamba.
Finalmente, el Quillacollo, en el interior del valle de Cochabamba, es un pueblo que crece vertiginosamente. Su templo colonial es una de sus mayores atracciones. En el centro histórico se destaca la Catedral, que fue reconstruida en sucesivas oportunidades sobre la que fue la primera iglesia de la Villa de Oropeza. Su última modificación se llevó a cabo en el siglo XX aumentando dos naves más a la principal con un estilo neoclásico.

TIPS GASTRONÓMICOS
La Paz se puede disfrutar de muchas maneras, y una es a través de su gastronomía. Si su destino es el sabor, no deje de probar las deliciosas almejas rellenas, los tacos de pescado o camarón rebosados, o el famoso marlin ahumado. Estos manjares son fáciles de encontrar durante todo el día y las especialidades en pescados y mariscos están siempre frescos y con el exacto sabor paceño. Por la tarde y para la cena, La Paz ofrece los clásicos tacos de carne asada de excelente calidad, que se acompañan de cebolla morada, guacamole, chiles güeritos, pepinos y una gran variedad de salsas. Como parte del tour gastronómico, recomendamos una copita de licor de damiana, bebida típica de fabricación local, o un agua de pitahaya o naranjita. Dentro de los platos destacados está la tradicional receta de las “almejas chocolatas” (asadas en su vulva); los tamales fajados y la langosta.

Y si la idea es recorrer el interior del país, estos platos se encuentran a lo ancho y a lo largo del territorio y son maravillosos: las truchas del lago Titicaca; el ceviche boliviano, el fricassé, el chuño (papa deshidratada), la chicha (alcohol de maíz), el chairo (sopa de chuño), el saice (carne molida y arroz en salsa). Ya verán que a pesar de que Perú se ha llevado toda la gloria, Bolivia realmente sorprende a la hora de la mesa.


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