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¡FELIZ CUMPLEAÑOS AMI 6! TRES CHIFLADOS EN UN VIAJE DE LOCOS EN UN AMI 8. A fines de los años 50 la gama de autos particulares de Citroën tenía un gran valle entre el popular y mundialmente impuesto 2CV y el imponente DS (el famoso Sapo).
 
por CARLOS DANIEL ARENA

Los directivos de Citroën en Francia decidieron colocar en medio de ese valle un modelo mediano capaz de satisfacer a quienes opinaban que el 2CV era muy pequeño para toda la familia y no podían acceder al fastuoso DS.
Fue así pues que Flaminio Bertone, el genial creador del diseño del Once Ligero, el 2CV y el fantástico DS, fue comisionado para dirigir el desarrollo de la nueva berlina de menos de cuatro metros de largo; y los estudios del proyecto, que fue indicado como M, comenzaron en 1957. Se adoptó el margen de una carrocería de tres volúmenes (sería el Ami 6 que luego al pasar a ser de dos volúmenes se convertiría en el Ami 8). Había pues que utilizar el chasis de la 2CV con el equipamiento del famoso bicilíndrico refrigerado por aire y con su cubicaje elevado de 425 cm3 a los 602 para llegar a los 3 CV fiscales.
La potencia inicial del motor preparado para girar permanentemente a alto régimen, era capaz de impulsar al Ami 6 a 105 km/h pied au plancher, como dicen los franceses, que es lo mismo que a la tabla, como indicamos por estas pampas. El motor era llevado luego a la potencia de 35 CV sin alterar su legendaria confiabilidad. Con excepcional tenida en ruta y una carrocería que rompía con los moldes de la época era un pasaporte al éxito: así fue presentada a la prensa el lunes 24 de abril de 1961. Las opiniones fueron encontradas pero el éxito fue fulgurante: asombraba su luneta trasera en diedro negativo (techo luneta y capó hacían una z perfecta), sus faros rectangulares (una novedad para la época) y la legendaria suspensión Citroën, amén de muchos detalles del interior copiados del DS. Así pues, este éxito fue exportado también a los Estados Unidos, con los paragolpes cambiados por unos más pesados.
En 1964 aparece la Break (o sea, el Ami 8), vehículo que prolonga el techo y la luneta pasa a integrar el portón trasero del mismo: otro suceso arrollador en Europa que llegaría a estas pampas. Se produjo y se vendió en Argentina con éxito singular, en aquellos años la usina de Citroën se encontraba ubicada en Zepita 3220 en el barrio de Barracas (predio de la antigua fábrica de estufas, cocinas, calefones y ¡tranvías!).
En aquel entonces, su fantástico Jefe de Prensa (en éste aspecto siempre se distinguió Citroën) era el querido amigo (hoy fallecido) Jorge Augé Bacqué: un verdadero sportman en toda la línea, que honró con su amistad a la columna, con la que compartió varios TransChaco Rally en Paraguay, en medio del barro y calores de 50 grados. Hazañas imborrables e irrepetibles, claro. Pues bien, allá por 1974 se disputaría el Grande Prêmio do Brasil de la F1 en la peligrosa pista de Interlagos, en las afueras de San Pablo: corrían nuestro Reutemann, Emerson Fittipaldi, Jackie Ickx, Jean Pierre Beltoise, Niki Lauda, Claudio Regazzoni y Peter Revson (dueño de los cosméticos Revlon y siempre rodeado de señoritas), entre otros. Con estos nombres más dos amigos, cuyas identidades se reserva la columna y cuyos sobrenombres son Ruso y Yiyi, se decidió ir a transmitir la carrera. Augé Bacqué nos confió un Ami 8 cero kilómetro.
Todavía el escriba recuerda aquél caluroso lunes de enero del 74, cuando Pancita, así conocían los íntimos a Bacqué, en la puerta de Zepita 3220 dijo: “Manténganlo siempre a la tabla que no se funde; denle pata sin asco hasta San Pablo: no se rompe, muchachos, ¡no se rompe!”. En el cruce de Zepita con la Av. Vélez Sarsfield, paramos el flamante Ami 8 y nos dijimos: “¿Y si bajamos el día y medio de viaje, o sea las 36 horas?”. Varios colegas que lo habían realizado en autos más grandes y potentes insistían en el aserto de las 36 horas como si recitaran la tabla del 2 (San Pablo está a unos 2.500 kilómetros por carretera desde Buenos Aires). Locos, inconscientes, de una supina y colosal irresponsabilidad, los tres estuvimos de acuerdo.
Vea, amigo lector, se la hago corta: hicimos Buenos Aires-San Pablo en ¡25 horas y 12 minutos! Manejábamos los tres, el que iba atrás dormía, el otro cebaba mate al conductor y le conversaba. Cuando parábamos a repostar combustible y medir el aceite (entre viaje de ida y vuelta consumió menos de un litro), los brasileños no entendían nada y todos querían ver el motor. En una estación de servicio en las afueras de Curitiba, el dueño de la misma pidió permiso para manejarlo pues el encargado lo había llamado por teléfono para avisarle que tres argentinos medio locos, habían llegado con un auto estrafalario de dos cilindros y que estaban bajando el récord a San Pablo (casi como si hubiese aterrizado un plato volador).
De más está decir que llegamos a Interlagos sin novedad en el frente. Lo más notable es que a la vuelta (“dale que venimos cuesta abajo”) bajamos el récord a 24 horas y 43 minutos. ¡Ah! La carrera la ganó Emerson Fittipaldi.


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