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Desde su afluente en Iquitos, Perú, hasta su desembocadura en la isla de Marajó en Brasil, todos los comentarios sobre el río Amazonas y el bosque que lo rodea son superlativos: el mayor, el más largo, el más caudaloso. La magnificencia de los ríos y los árboles, la increíble diversidad de la naturaleza y la hospitalidad de las personas, componen un escenario único para conocer y aprender sobre la última frontera de una vida todavía intacta.
 
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Por José Medrano

El Amazonas es la selva tropical más grande del mundo con una extensión de más de 6 millones de km2; cerca del 80% de esta superficie se encuentra en territorio brasilero. El río Amazonas es el segundo más largo del mundo después del Nilo (aunque no existe consenso sobre cuáles son los puntos de medición aceptables, por lo que algunos afirman que es, en efecto, el más largo), con una extensión de 6.400 km y el 20% del agua fresca de toda la Tierra.
Lo que distingue al Amazonas de cualquier otra selva tropical es la cantidad de especies animales y vegetales que tienen allí su hogar; el número total es desconocido y probablemente siempre lo será, pero se sabe que contiene cerca de un 20% de las mayores plantas, manteniendo la misma proporción de especies de aves, cerca del 10% de los mamíferos del mundo y numerosas variedades de reptiles. Un solo tipo de árbol puede alojar más de 400 insectos diferentes, y en los ríos de la región conviven cerca de 2.000 especies de peces, diez veces la cantidad encontrada en ríos europeos. La región Amazónica ofrece vistas maravillosas y sentimientos inigualables. El verde de la selva reflejado en las oscuras aguas del Río Negro, combinado con el cielo azul, puede ser considerado una de las mayores obras maestras de la naturaleza. Imágenes como el vuelo de un grupo de guacamayos o el nado de delfines rosados quedan grabadas en la memoria para siempre. La belleza del Encuentro de Aguas, donde confluyen las aguas del Río Solimões y las del Río Negro, es un espectáculo único y digno de presenciar. Bañarse en la cálida cascada de la “Piedra Furada”, localizada en el medio de la Selva Tropical Amazónica, es una explosión de sensaciones: el húmedo aire de la selva, el sonido de los pájaros y de los monos, el olor a madera y hojas... El Amazonas habla por sí mismo, sólo es cuestión de saber escucharlo.

MANAOS
Para comenzar a visitar la Amazonia brasilera hay que aterrizar en el aeropuerto internacional Eduardo Gómes en Manaos, ciudad que debe su nombre a los indígenas que habitaron la región; una metrópolis llena de contrastes en la que se mezcla la naturaleza exuberante de la selva amazónica con un complejo industrial de alta tecnología y los vestigios de un pasado glorioso, cuando el comercio internacional del caucho estaba en su apogeo. La ciudad cuenta con parques ecológicos y áreas verdes que parecen no tener fin. Durante muchos años, la ciudad se mantuvo prácticamente aislada, pero a fines del siglo XIX, la riqueza generada por la industria del caucho financió la construcción, en plena selva tropical, de edificaciones lujosas que reproducían los estilos arquitectónicos de moda en Europa. Después de un largo período de olvido, Manaos está impulsada hoy por una pujante Zona Franca (área de libre comercio).
Allí es imperativo disfrutar de la gastronomía local, cuyos ingredientes principales son los pescados y vegetales amazónicos. Entre los platos preferidos se encuentran el tambaquí, matrinxã (mojarritas), jaraqui (sábalo), pacú o paiche asados, guisados o fritos. En las calles se pueden tomar tentempiés típicos, como el tacacá, una especie de sopa preparada con tucupi (jugo de mandioca), camarón seco, almidón de mandioca y hojas de jambu. Para el postre, se recomiendan las exóticas frutas locales frescas o en jugos, helados y dulces.
La mayor parte de los hoteles de Manaos están en el centro de la ciudad. En Ponta Negra, frente a una playa fluvial, está instalado un gran resort que tiene opciones de esparcimiento e infraestructura para convenciones.
Entre sus principales atracciones está el Teatro Amazonas, sin dudas el símbolo más emblemático del apogeo económico de Manaos, donde se presentaron famosas orquestas sinfónicas y compañías europeas de ópera. Tiene capacidad para 700 personas y fue construido con ladrillos europeos, cristales franceses y mármol italiano. El parque cultural, deportivo y de entretenimiento Ponta Negra, situado a 13 km del centro de Manaos, es otro importante atractivo turístico compuesto por canchas de arena, ciclovías, mirador, parque infantil, puesto sanitario y una amplia peatonal con cafeterías, restaurantes y bares al paso. Desde allí se puede admirar una puesta de sol extraordinaria. El conjunto incluye también un moderno anfiteatro con capacidad para 15.000 personas. Los balnearios públicos son otra sensación, algunos como Tarumã, Tarumãzinho y Cachoeira das Almas, o los igarapés (brazos de ríos) situados en las cercanías de la ciudad, son sitios a los que acude la población en busca de esparcimiento durante los fines de semana. Otros imperdibles son la Cascada Paricatuba, la Cascada del Amor, la Playa de Tupé, la Playa de la Luna y la Cascada del León. Finalmente, las excursiones en barco a las playas o parques situados en los alrededores de la ciudad son buenas opciones antes de adentrarse en las profundidades de la selva amazónica.

AMAZONIA BRASILERA
Una vez que se haya recorrido Manaos a gusto, es hora de tomar alguna de las excursiones que se ofrecen para visitar cascadas y parques nacionales o disfrutar de un par de noches en el corazón de la selva. Para llegar a estos lugares, es necesario subirse a una lancha e ir en busca de nuevas aventuras. El “Encuentro das Aguas” es un fenómeno natural provocado por la confluencia de las aguas oscuras del Río Negro con las pardas del Río Solimões que corren sin mezclarse a lo largo de 6 km, hasta definitivamente hacerse un solo caudal para formar el Río Amazonas. La causa de este fenómeno es la gran diferencia de temperatura y de velocidad del flujo de cada río. El Río Negro corre a unos 2 km/h a una temperatura de 22ºC, mientras que el Solimões lo hace a una velocidad de entre 4 y 6 km/h y su temperatura es de 28ºC. Este gran espectáculo está ubicado a sólo una hora en bote de Manaos, y es posible ver delfines rosados y grises nadando cerca del lugar.
Si se quiere confort, el Tropical Manaos Eco Resort es el hotel de lujo más grande de Brasil. Situado en pleno corazón de la selva amazónica, a orillas del Río Negro y a 10 km del aeropuerto, tiene 588 habitaciones y el más amplio conjunto de servicios de hotelería, eventos, deportes, turismo y entretenimiento. Otra alternativa es realizar un crucero marítimo vía Iberostar Gran Amazon. Se trata de un lujoso navío, que lleva a 150 turistas por el Río Negro y el río Amazonas con todas las comodidades y excelentes servicios. El navío suelta amarras en Manaos y hace escala en diversos sitios de la selva amazónica como Novo Airão, la isla Jacaré o Playa Grande, para realizar excursiones en botes que se internan en la espesa vegetación, avistar aves, pescar pirañas o simplemente contemplar el impresionante paisaje. Es una opción ideal para los que quieren aventura sin prescindir de las comodidades de un hotel de primera.
Otro punto recomendable es Presidente Figueredo, rodeado de diversas cascadas en medio de una densa e intacta selva tropical, habitada por monos, aves y mariposas. Hasta hace poco, el lugar era sólo una villa ubicada cerca de la ruta, que luego fue restaurada como parte de un proyecto para construir la planta de energía de Balbina. La jungla, las cavernas y los ríos son fantásticos, pero las cascadas son la verdadera atracción turística de este lugar. El paseo incluye la visita al santuario y la cascada de Iracema, una larga y fuerte caída de agua seguida por un rápido donde personas de todas las edades pueden refrescarse y jugar. Después de tomar un pequeño sendero bordeando el Río Urubuí, se llega a las caídas de Arara, un grupo de pequeñas cascadas dentro de una selva muy densa, en las que difícilmente entran los rayos del sol. Existen otras cascadas, pero definitivamente Santuario y Piedra Furada deben recibir especial atención. En Santuario, las aguas caen desde diferentes rocas, creando una maravillosa laguna caliente dentro de la selva, mientras que en Piedra Furada, el agua cae desde dos diferentes huecos hechos en las piedras. Pero no todo aquí son cascadas; la caverna de Maroaga es un laberinto de 500 metros con hermosas formaciones y horquillas de miles de bastones. Para aquellos que quieran aventura, es una buena opción.
Fuera de Presidente Figueredo también vale la pena visitar el Centro de Rehabilitación de Monos, un proyecto patrocinado por Live Forest Foundation, cuya mayor preocupación es retornar al bosque los monos cazados ilegalmente por el comercio de vida salvaje. En este centro es posible encontrar diferentes especies de animales, jugar con ellos, sacar fotos y aprender un poco sobre su vida en la selva. Otra opción es Anavilhanas; ubicado cerca del Parque Nacional Jaú, la mayor reserva forestal de Sudamérica, con 2.27 millones de acres; es el mayor Archipiélago de río del mundo, con una superficie total de 350.000 hectáreas y compuesto por 400 islas y cientos de lagos, ríos, pantanos y bancos de arena, con una rica flora y fauna. Durante la temporada de lluvias, la mitad de las islas quedan sumergidas, forzando a los animales a refugiarse o esconderse. Cuando el agua retrocede, las islas exponen incontables playas de arenas blancas e interesantes formaciones naturales de raíces y troncos. Este paraíso para ecologistas y turistas está protegido por una ley federal que estableció la estación ecológica de Anavilhanas.
Un área tan extensa y rica como el Amazonas requiere de tiempo, sentidos abiertos y espíritu de aventura. En cualquier caso se garantizan bellísimos recuerdos y una experiencia inolvidable.

EL PROYECTO BAGAGEM
Fue creado no sólo para permitir que personas de todas partes del mundo, siempre acompañadas de un guía, tengan contacto con un ambiente intacto, sino también para apoyar a las comunidades que viven en esa área. La idea del “Projeto Bagagem” (iniciativa sin fines de lucro) surgió del deseo de dos amigos para propiciar el desarrollo social-económicocomunitario y la conservación de la naturaleza. Más que una simple excursión turística, la idea es darle al visitante la chance de experimentar la vida real en una comunidad remota, en un proceso de intercambio cultural, tanto para los turistas como para los habitantes locales. El visitante conoce el trabajo de las ONGs, pero fundamentalmente, este es un viaje de disfrute; la participación en las actividades no es obligatoria.

CONSEJOS PARA VIAJAR A LA SELVA AMAZÓNICA
● Es importante llevar ropa cómoda, preferiblemente de algodón y colores claros. También calzar zapatos cerrados o botas altas y llevar pantalones de secado rápido.
● Es esencial el repelente de insectos y analgésicos para calmar los dolores por la exposición al sol y las picaduras. Las vacunas contra la fiebre amarilla y el tétanos deben aplicarse 10 días antes del viaje.
● Cantimplora. Durante los recorridos por la selva es importante el consumo permanente de líquidos preparados con agua potable.
● Si se tiene la ocasión de visitar alguna comunidad indígena, es esencial respetar a sus habitantes. Antes de tomar una foto o grabar un vídeo, hay que pedir permiso. Evite recolectar muestras de fauna o de flora autóctona.
● La humedad puede afectar los equipos electrónicos, por lo que es aconsejable guardarlos en bolsas plásticas selladas herméticamente.
● En algunas poblaciones apartadas es probable que la electricidad se corte durante gran parte del día o de la noche. Se aconseja tener siempre a mano una linterna y baterías de recambio.
● Equipaje ligero. Lo ideal es llevar una sola valija tipo mochila, para poder circular tranquilamente entre la maleza y por los terrenos pantanosos. Es conveniente llevar fundas de plástico para envolver la mochila.


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