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“Verde” es el adjetivo que mejor define a este país: un lugar lleno de bosques, cascadas y parques naturales. También lo definen sus Alpes, sus lagos, su costa sobre el Adriático y sus encantadoras ciudades. Todo parece salido de un cuento. Eslovenia enamora y, a pesar de haber sido escenario de guerras, divisiones y exilios, se ha consolidado como uno de los más increíbles centros turísticos de Europa.
 
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Por josé medrano

Situada al abrigo de Italia, Austria, Hungría y Croacia, Eslovenia es un país pequeño y muchas veces no tenido en cuenta a la hora de planificar un viaje por Europa: grave error. Se trata de un destino único, con maravillas que quitan el aliento y una población que supo sacar lo mejor de sí a pesar de las adversidades. En 1991 se convirtió en la primera federación de la antigua Yugoslavia en ser reconocida por la comunidad internacional tras declarar su independencia. Se integró a Naciones Unidas un año después y para el 2004 ya era parte de la Unión Europea. Hoy, sus maravillas turísticas se hacen notar.
Los Alpes Julianos on los más orientales de la gran cordillera europea y uno de los principales atractivos, con el Triglav, su monte más alto, como referencia. El punto de partida para conocerlo está en Bled, una idílica ciudad al pie de los Alpes.
Las aguas termales y su espectacular lago la convirtieron en el principal balneario turístico del país. No en vano, por siglos fue elegida como el destino preferido de las clases dirigentes, algo que se refleja en sus grandiosos palacios. Una caminata alrededor de este espejo de agua es imprescindible para contemplar la pequeña isla en el centro, de la que sobresale el campanario de la iglesia de la Asunción. Según la leyenda, quien toque la campana y pida un deseo logrará que se cumpla, razón más que suficiente para tomar una de las pequeñase mbarcaciones a remos y conocer el lugar.
Aunque el lago sea protagonista, la ciudad presume de un espectacular castillo construido en la cima de un acantilado al que vale la pena subir para contemplar su impresionante vista.
Bled es ideal para relajarse y sirve de punto de partida para numerosas excursiones en las que el visitante disfrutará de la naturaleza en estado puro. Sus balnearios bien cuidados, sus encantadores hoteles, su casino y sus atracciones culturales suman razones para visitarla. A sólo 25 km de la ciudad comienza el ascenso a los Alpes: el parque, con una extensión de 84.800 hectáreas, permite practicar el montañismo, el deporte con más seguidoresdel país, después del esquí. El espectáculo está garantizado: glaciares, cascadas y barrancas inundan la vista y el alma.Bohinj y su lago glaciar situado a los pies del Triglav es el másgrande de Eslovenia. Para quienes vayan en invierno, sepanque a pocos kilómetros se encuentra Vogel, una increíble pistade esquí desde donde se pueden ver los principales picos delos Alpes Julianos.

LIUBLIANA, LA CAPITAL
Esta ciudad es una de las más pequeñas y encantadoras capitales de Europa. Ubicada justo en el centro del país, sorprende con sus edificios modernos, sus calles repletas de gente y su amplia oferta cultural. Aquí todo está cerca, lo que permite descubrir pequeños tesoros sin seguir rutas preestablecidas: basta salir a caminar para ir topándose con las joyas de Liubliana.
El río Ljubljanica, que atraviesa la ciudad, ayuda a no perderse y a disfrutar de los diversos puentes que se suceden sin cesarpara cruzar de orilla a orilla. Uno de los más significativos es el Puente de los Dragones -animales que son símbolo dela ciudad-, proyectado a principios del siglo XX en honor al Emperador Francisco José. El Triple Puente es otro de los más originales; de estilo imperial e importado de Viena, se encuentra junto a la plaza Preseren, frente a la iglesia de los Franciscanos, y es uno de los más transitados para acceder al casco antiguo. Cualquier momento de descanso es ideal para disfrutar de las terrazas, instaladas a la vera de las tranquilas aguas. Una vez recobradas las fuerzas se puede visitar elmercado central, la Catedral de San Nicolás, el Palacio Episcopal y el Ayuntamiento, donde se puede ver el reloj sobre el tejado y la fuente de Robba. Toda la ciudad es un sueño y para poder observarla en su conjunto bien vale subir a su castillo, una construcción del siglo IX que ofrece una panorámica única de Liubliana.
Para esto recomendamos el ascenso en teleférico o en el pequeño tren turístico que durante el verano recorre las calles adoquinadas. La fortaleza es el auténtico centro cultural de la ciudad.
Las callecitas del centro son escenario de la mayor parte de las actividades, tanto de día como de noche. Sería una pena no comprar al menos un souvenir en alguna de las tiendas de la calle Slovenska, la más comercial, o en el casco antiguo donde existen encantadores locales con productos artesanales y de diseño.

PIRÁN
Esta es una de las localidades más visitadas de Eslovenia.
Situada en la llamada Istria Eslovena, es uno de los parajes más lindos de la zona. Su nombre proviene del griego y está relacionado con el fuego: la leyenda dice que se debe a las antorchas que sus habitantes encendían para que actuasen como faro para los navegantes. Su casco se conserva en perfecto estado y sus rincones recuerdan a las mejores postales. Es una ciudad para ser fotografiada. Perderse en sus calles, tomar un café en alguna de sus plazoletas es un placer para el viajero. Su pequeña península acoge orgullosa el Faro y el Campanario de la Iglesia de San Clemente. Sus edificios recuerdan a Venecia: palacios y casas de la aristocracia permanecen impasibles al paso del tiempo. Una de sus plazas más conocidas es la que lleva el nombre del violinista Giuseppe Tartini, cuya estatua corona el lugar. Pasear cerca de la zona amurallada, entrar en alguna de sus diez iglesias, visitar el acuario, ir a las salinas, la Casa Veneciana o degustar un buen plato de la gastronomía eslovena, son solo algunos de los placeres que ofrece Pirán.

PLAYA DE FIESA Y OTRAS COSTAS
A pesar de su estrecha costa entre Croacia e Italia, en Eslovenia hay playas que quitan el aliento: aguas cristalinas, cálidas e ideales para quienes buscan relajarse a orillas del Mar Adriático. Si viene de visitar Pirán, la playa de Fiesa es una de esas costas que vale la pena recorrer. Al estar ubicada en un entorno tan turístico suele tener mucho movimiento y grandes opciones para los visitantes: bares, restaurantes, importantes hoteles, puntos de compras y vistas únicas del litoral adriático.
Pero Fiesa no es la única playa de Eslovenia. A pesar de que sólo cuenta con 47 kilómetros costeros, su litoral es de enorme belleza. El pasado veneciano se refleja en el estilo de sus construcciones, en su gastronomía y en su cultura. En esta zona del país, el italiano es lengua de uso habitual, algo que puede ser de gran ayuda para los argentinos.
Muy cerca de la zona de Strunjan -siempre dentro del Municipio de Pirán- está el balneario de Strunjanki Zalivque -al igual que Fiesa- está prácticamente en la zona urbana, por lo que tras visitar la ciudad se puede tomar un agradable baño en sus aguas transparentes. Finalmente en Lucija está el puerto deportivo por excelencia. Numerosos yates se reúnen allí cada año, lo que convierte al lugar en un gran atractivo.
Para evitar sorpresas, vale aclarar que a territorio esloveno llega un Adriático casi sin arena en sus playas, por lo que los muelles de los suntuosos puertos deportivos se confunden con los pequeños espigones que enmarcan piscinas de agua salada donde nadar y disfrutar del sol. De todas maneras su costa nada tiene que envidiarle a la de sus vecinos croatas oitalianos. No dude un segundo en conocerlas.

LA VISITA OBLIGADA
La historia del Castillo de Predjama es tan intensa como el precipicio de 123 metros sobre el que se levanta esta monumental obra. Según la leyenda, allí murió el Barón Erazem Lueguer, una suerte de Robin Hood esloveno que atacaba las caravanas de mercaderes de la ruta que unía Viena con Trieste. Este noble ladrón tenía una pésima relación con el emperador austríaco, a tal punto que éste mandó a matarlo y, cuando vio que Lueguer se refugiaba en el castillo, decidió sitiarlo hasta que muriera de hambre. Los soldados austríacos esperaron y esperaron sin saber que el castillo era abastecido a través de pasajes secretos. Aunque la historia termina con el Barón muerto por los austríacos, todos quieren visitar esas cuevas que burlaron al emperador por meses. Tras la muerte de Lueguer el castillo tuvo ampliaciones y mejoras, hasta que fue confiscado durante la Segunda Guerra Mundial.
Hoy, esta maravilla arquitectónica puede visitarse y es, sin dudas, un paseo que nadie querrá perderse.


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