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Moderna y colonial. Capital de Colombia, una gran metrópoli riquísima en paisajes y culturas. Es el punto de llegada para recorrer el país entero, pero bien merece unos cuantos días recorriendo su historia y disfrutando de su aire tan autóctono como cosmopolita.
 
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Por MILENA WETTO

Sobre una llanura en la Cordillera de los Andes que abarca unos 530 km2-más del doble que la ya inmensa ciudad de Buenos Aires-, Bogotá alberga unos ocho millones de habitantes. Es una ciudad moderna, pujante y ruidosa, pero a la vez llena de parques, paisajes increíbles y rincones enlos que se respira la historia precolombina y la cultura de un pueblo colorido y diverso.
Bogotá se encuentra a unos 2.600 metros s.n.m., lo que determina un clima templado a frío durante todo el año (14° C en promedio), alta nubosidad de marzo a mayo y lluvias que se intensifican de septiembre a noviembre. Por ello, el mes más ameno para visitarla es agosto, donde el sol inunda los días y se puede disfrutar de un clima muy agradable. A sólo 15 km de la ciudad de Bogotá se encuentra el Aeropuerto Internacional El Dorado, el cual sirve a toda el área metropolitana. La oferta hotelera es muy variada, sobre todo en el área urbana. Se pueden encontrar desde posadas para mochileros, hasta hoteles 5 estrellas. Para los que busquen empaparse de la cultura y el arte, la mejor zona es el Centro Histórico, en el barrio de La Candelaria y alrededores. Si su viaje es de pasada, se recomienda la zona de Salitre, por estar más cerca del Aeropuerto; y si está por negocios o compras, hospédese en el norte de la ciudad.

ENTRE LA PAZ Y EL CAOS
Hace dos décadas, Bogotá era conocida en el mundo por cosas tan negativas como secuestros, atentados y bombas producto del conflicto del narcotráfico y la guerrilla, pero gracias al trabajo incesante de sus gobernantes, esto ya esparte del pasado en la capital colombiana, al punto que, en 2006, esta gran urbe recibió el Golden Lion Award de la Bienal de Venecia –en su categoría “Ciudades: Arquitectura y Sociedad” – como reconocimiento a los esfuerzos realizados para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Al recibir este premio, el ex alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa declaró: “una multinacional japonesa nos propuso hacer siete autopistas elevadas, pero nosotros dijimos que no, que haríamos algo diferente, una ciudad más para la gente que para los automóviles". Esta declaración alude a una decisión que en la práctica terminó trayendo más problemas que soluciones, ya que el principal inconveniente que presenta hoy Bogotá es un tránsito endemoniado que obliga a propios y extraños a pasar largas horas de atasco en sus ya insuficientes autopistas y avenidas, unido a un escaso y poco eficiente transporte público. No se percató Peñalosa de que, para que fuese una ciudad “más para la gente”, había que pensar también en los autos y autopistas.
De lunes a viernes está restringido el tránsito en función delnúmero de patente de los autos; pero aun así, la cantidad de automóviles excede la capacidad de las vías. El ya colapsado Transmilenio (equivalente al Metrobús porteño) no alivia la situación. Los taxis no abundan como en Buenos Aires, por lo que una opción para recorrer la ciudad es Uber, aplicaciónque, al igual que acá y en casi todas las ciudades donde se ha instalado, tiene fuertes detractores. Aun así, si en algún lugar Uber es una alternativa más que necesaria, es en Bogotá.
Pero el mejor transporte en Bogotá es “la Cicla”, como llaman a las bicicletas: muchos la usan para trasladarse a sus trabajos o lugares de estudio; los domingos y feriados cierran algunas de las principales calles de la ciudad que interconectadas hacen un circuito de más de 110 kilómetros.

CIUDAD QUE RESPIRA HISTORIA
Si lo que quiere es empaparse de las tradiciones y costumbres, respirar el pasado precolombino y colonial, debe recorrer el pintoresco barrio de La Candelaria, con sus calles estrechas y empinadas, y sus casonas con tejados y aleros que fueron cuna de la aristocracia criolla y española. Para apreciar este barrio hay que estar atento a los detalles: viejas puertas, emblemas, balcones, ventanas ornamentadas y, desde luego, sus habitantes, que fluctúan entre los viejos "rolos" y "cachacos" y una población joven ligada a actividades académicas o culturales. Buena parte de los lugares de interés históricoestá concentrada en otros barrios como Egipto, Belén, La Concordia y otros donde se funde el pasado con edificaciones modernas de una manera singularmente anárquica. Es precisamente esa disposición de rompecabezas pluritemporal lo que hace del centro histórico el lugar emblemático de laciudad vieja y de la moderna. Todo lo que hay en Bogotá se encuentra concentrado allí.
El Centro Histórico alberga lugares de visita obligada comola Plaza de Bolívar, desde donde podrá tomar una vistosa panorámica de 360° que le permitirá captar el Capitolio Nacional, el Palacio de Justicia, el Palacio Liévano y, por supuesto, la Catedral Primada. En un par de cuadras a la redonda, podrá visitar el Teatro Colón, el Museo Botero, el Palacio de Nariño (casa de Gobierno), la casa de Manuelita Sáenz (popularmente llamada “la libertadora del Libertador” Simón Bolívar) y el Museo del Oro. Bastante cerca del centro también está la estación del teleférico a Monserrate, uno de los cerros más importantes, desde donde puede apreciarse una impresionante vista de la ciudad.

DESDE LO MÁS ALTO
Monserrate es el más conocido de los cerros orientales de Bogotá, con una altura de 3152 metros. En su cima se encuentra la Basílica del Señor de Monserrate -lugar de peregrinación religiosa desde la época colonial-, restaurantes, tiendas de artesanías y, sobre todo, la mejor vista de Bogotá. Es importante no olvidar la altura, por lo que tanto en la ciudad, y más aún al subir el cerro, se recomienda caminar despacio y no agitarse demasiado. Descarte este paseo si el día está muy nublado; déjelo para un día despejado y aproveche al máximo la majestuosa vista.
A este cerro puede subirse a través del funicular, que permite además apreciar toda la fauna y la flora del lugar gracias a su techo de cristal, un recorrido por demás relajante; la opción más usada es el teleférico, de grandes ventanales en todos los costados, que ofrece una imponente vista a medida que va ascendiendo entre las tupidas copas de los árboles.
El paseo también puede hacerse de noche, donde podrá apreciar la ciudad iluminada. Si lo hace, no olvide llevar un buen abrigo. Puede almorzar o cenar a más de 3000 metros de altura por un precio que promedia entre los 30 y los 50 dólares por persona. Las tarifas para subir y bajar son de aproximadamente 6 dólares; abre de 6:30 a 21 horas el funicular y de mediodía a medianoche el teleférico (consultar horarios y costos específicos en www.cerromonserrate.com)

DE MUSEOS
Para nadie es un secreto que la conquista española a América se debió en gran parte al sueño de encontrar El Dorado, esa ciudad hecha de oro y piedras preciosas que no es del todo leyenda, ya que se sabe que las antiguas civilizaciones del continente realmente tenían mucho de estos metales que fueron literalmente saqueados por los conquistadores. Parte de esa historia se encuentra tras los muros del Museo del Oro, ubicado sobre el Parque de Santander, en la esquina entre la carrera 6 y la calle 16; abre de martes a sábado de 8 a 18 horas y los domingos y feriados de 10 a 16 horas.
Por su parte, el Museo de la Esmeralda cuenta con una colección única de más de 3000 piezas talladas por artistas locales; podrá hacer un recorrido guiado para conocer las diferentes etapas de desarrollo de esta hermosa piedra e ingresar a un túnel real. Se encuentra en el Edificio Avianca, sobre la calle 16 y abre de lunes a sábado de 10 a 18 horas.
Pero si de artes plásticas se trata, es imperdible la visita al Museo Botero que, además de albergar una de las cinco colecciones públicas de arte internacional de mayor importancia en América Latina, cuenta con más de un centenar de las obras más representativas del propio Fernando Botero, famoso a nivel global por la original estética y la exaltada volumetría de sus creaciones, llenas de exuberancia y sensualidad. Este museo se ubica en La Candelaria, sobre la calle 11.

GASTRONOMÍA, ARTESANÍAS Y MUCHO MÁS
Bogotá en particular, -así como Colombia y toda Latinoamérica en general- es poseedora de una gastronomía diversa, deliciosa y llena de sincretismo. En La Candelaria podrá encontrar numerosos restaurantes típicos donde podrá degustar un buen Ajiaco, una potente sopa a base de pollo, papas de diversas variedades, choclo y una especie de la zona denominada guasca; algunos además le añaden crema de leche y alcaparras. Efectiva para combatir el frío y reponer energías para continuar el paseo. Si esta opción no lo llena lo suficiente, entonces usted está hecho para disfrutar una Bandeja Paisa, que combina frijoles, huevos, carne de res, chorizo, chicharrón de cerdo, arroz blanco y plátano frito. Una verdadera bomba para estómagos a prueba de todo.
Pero además, Bogotá cuenta con una zona especialmente destacada por su oferta gastronómica, y es la llamada Zona G, donde podrá encontrar diversas opciones adaptadas a los gustos más exquisitos y bolsillos un poco más generosos.
Un imperdible si visita Bogotá es planificar una noche en el popular y famosísimo restaurante Andrés Carne de Res que, si bien tiene una sucursal en pleno corazón de la Zona T, sugerimos que visite el establecimiento original, ubicado en la población de Chía a unos 35 kilómetros de la ciudad. Un inmenso galpón que en sus orígenes alimentaba a camioneras y conductores que hacían allí parada obligada, y que ahora es un gran bar/ almacén/ restaurant/ boliche con mucha onda que lo mantendrá divertido desde que llegue hasta que logre salir, después de mucha fiesta, deliciosos tragos y platos alucinantes. Lo aconsejable es ir sin auto; puede usar Uber, taxis o, si el grupo es numeroso, alquilar una combi con chofer.
Usaquén, al norte de Bogotá, es otra alternativa de paseo para disfrutar de un buen almuerzo criollo –arepas de huevo, empanadas, mazorcas de choclo asadas y obleas de dulce de Cancún leche “arequipe” y queso- y caminar su mercado de pulgas lleno de artesanías locales: sombreros, gorros tejidos, bufandas y los famosos bolsos “wuayú” con sus infinitas combinaciones de colores. Busque allí el puesto de Irene; sus títeres y muñecos artesanales han sido premiados por la UNESCO… una buena opción para regalarlos como souvenirs del viaje. La nocheusaqueña está llena de bohemia y música; Cinema Paradiso, por ejemplo, es una sala de exhibición alternativa de estilo antiguo, con sillas de terciopelo donde se puede disfrutar de un delicioso coctel mientras se disfruta de una buena película.

A LAS AFUERAS
No más allá de 100 kilómetros a la redonda de la ciudad existe un sinnúmero de opciones para disfrutar, como por ejemplo Sopó, un pueblito pequeño y tranquilo, muy visitado por los amantes de los deportes extremos, donde también se puede apreciar la particular arquitectura de la zona.
Guatavita
(58 km al norte de Bogotá) fue construida hace 40 años para reemplazar al pueblo original que hoy duerme bajo las aguas del Embalse de Tominé. Aquí podrá conocer la laguna sagrada, lugar de origen de la famosa leyenda de El Dorado, disfrutar de una panorámica desde el Puente de los Enamorados y visitar el Cementerio Indígena.
El parque de escalada más grande de Colombia se encuentra en Suesca, a sólo 77 kilómetros de la capital. Son más de 380 rutas, por lo que se recomienda emprender la travesía con un guía turístico. Y si lo que quiere es huir un rato del frío bogotano, en Machetá, a 94 kilómetros hacia el norte encontrará las aguas termales Paraíso y Nápoles, con piscinas de barro y aguas con una temperatura de 35° C.

POR ÚLTIMO…Y NO MENOS IMPORTANTE…
No puede dejar Bogotá sin haber conocido Zipaquirá y la Catedral de Sal. A sólo 48 kilómetros de la ciudad, Zipaquirá conserva el estilo colonial que puede apreciarse en el breve recorrido del tren turístico de la sabana por el casco central, considerado patrimonio histórico y cultural de Colombia. Cuenta con restaurantes típicos y casas de más de 300 años, incluyendo la casa donde se hospedó Simón Bolívar durante la campaña libertadora; pero lo más célebre son sus minas de sal que han sido explotadas desde tiempos precolombinos y que incluyen la Catedral de Sal –hoy Patrimonio de la Humanidad–, una obra de ingeniería espectacular donde el visitante se adentra en lo profundo de la tierra recorriendo todos los pasos del Vía Crucis hasta terminar en un impresionante recinto donde se encuentra el altar mayor, con una iluminación que invita al recogimiento y al asombro.
Para llegar a Zipaquirá hay que tomar el Transmilenio con destino al Portal del Norte y luego tomar un autobús intermunicipal, o bien alquilar algún taxi o vehículo privado, preferentemente con chofer. El viaje dura aproximadamente 2 horas, por lo que es una excursión que le tomará un día completo para disfrutarla a pleno. Bogotá es más que la capital de Colombia, es la mezcla perfecta de historia y cosmopolitismo, aderezado con una gastronomía única y rodeada de atracciones turísticas que ofrecen todo lo que un viajero puede pretender.



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