Notas > TEMA DEL MES > DIFICULTAD PARA DISFRUTAR
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A menudo nos encontramos con personas que, a la vista de los demás, tienen “todo” y sin embargo no disfrutan. Esto le sucede a Juan, Licenciado en Administración, en pareja con Eugenia; ambos son padres de mellizos de cuatro años. Trabaja en una empresa multinacional, está bien remunerado y contento con el trato que recibe de su jefe. Euge es abogada comercial y su tarea la realiza en forma independiente. Antes de tener a los chicos su jornada era más intensa; ahora trató de desligarse para tener tiempo hogareño.
 

Si lo observásemos, seguramente, pensaríamos en Juan como un “elegido” de la vida. Sin embargo, su mente trabaja en forma constante. Vamos a introducirnos por un momento en sus pensamientos: “Tengo 42, seguro que dentro de tres años recibiré la información que ya no me necesitan y buscarán reemplazarme por alguien más joven. Va a ser más difícil, por no decir imposible, conseguir otro trabajo y, ¿cómo voy a mantener a mi familia?” “Llevamos con mi mujer varios años juntos, funcionamos bastante bien. Últimamente, unas cuantas parejas de nuestro círculo cercano se separaron. Nos puede pasar lo mismo, quizá me cruzo con alguien o también le puede ocurrir a ella y ¿entonces? ¿Qué pasaría con los mellizos? No sería lo mismo ni para ellos ni para mí”. “Mis padres están envejeciendo. Veo a algunos de mis amigos angustiados con esas situaciones. En poco tiempo estaré igual”. “Se me está cayendo el pelo, si sigo así voy a quedar pelado. ¡No quiero ni pensar cuando me mire al espejo y vea eso!”
Los pensamientos de contenido negativo son los que le rondan en forma permanente y no puede disfrutar de lo que sí tiene. Sucede, básicamente, que se conecta con una visión catastrófica de un futuro incierto que imagina y que, por lo tanto, no es real. No confía en sus recursos para salir de las posibles dificultades. De inmediato, su mente va hacia atrás y lo informa el pasado, por lo que le es imposible relacionarse con sus logros en el presente. Se “enrosca” y de golpe se siente apresado dentro de un laberinto del cual es difícil escapar. Lo increíble es que cuando llegan a él momentos positivos, no los puede aprovechar; inmediatamente los reviste de color gris. No puede sentir el placer de la felicidad.
No aprendió que la felicidad consiste en implicarse en el día a día. El acto en el colegio de tus hijos, una palabra amable y solidaria de un amigo, la cariñosa demostración de tu pareja, algún éxito en el trabajo, cierta música que te llene el alma. La vida la vamos construyendo, somos absolutamente responsables de crear espacios de buen trato hacia nosotros mismos. Y Juan no se trata bien. El refrán dice que “la caridad empieza por casa”. Él no tiene una buena visión de sí. No está nutrido de confianza, no consigue armarse.
Popularmente a Juan lo caracterizarían como a un pesimista o un amargado, pero en realidad es una persona que se siente asustada, miedosa, que quizá piensa que alguna mala experiencia del pasado es determinante para él porque se va a volver a repetir.
Escucho a veces a pacientes decir que tienen mala suerte. Desconocen que los pensamientos y las palabras son los que crean la realidad. La van construyendo.
Hay momentos de nuestra vida en los que disfrutamos con alegría de las cosas que nos gustan, en cambio, cuando tenemos un problema importante, éste oscurece nuestro panorama de tal forma que nos convierte en incapaces de disfrutar, y a nada le encontramos sentido. Hay personas a las que, como a Juan, esta situación se le repite en forma continua. La mayoría de las veces, le sucede a quienes están sometidos a tensiones constantes o a personas extremadamente autoexigentes, para las que cualquier situación se transforma en estresante.
En conclusión, sería conveniente ejercitarse en permanecer en el presente, aceptar sus reglas de juego, crecer en conciencia y responsabilidad y evitar una expectativa inmadura frente a la vida. Generalmente, las personas como Juan, más que pesimistas son profundamente infantiles, exigen o están enojados y le demandan a su propia historia un resultado para el que no colaboran. Siempre existe la posibilidad del cambio y, si no logramos hacerlo solos, busquemos una ayuda adecuada, unas conversaciones significativas pueden ayudarnos a lograr una mejor calidad de vida.

Lic. Alicia Bittón
Psicóloga Clínica
Terapeuta familiar y de pareja
alicia.bitton10@gmail.com



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