Notas > TEMA DEL MES > JUNTOS PERO NO TANTO
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Escucho a menudo “Estamos en pareja pero no convivimos, sólo en viajes o algún fin de semana”. Generalmente, esas frases provienen de personas que vivieron un divorcio y prefieren no volver a compartir la casa, o bien en casos de jóvenes que desean conservar su independencia, y hasta matrimonios con hijos que decidieron adoptar ese estilo de vida.
 
Quiero comentarles el caso de Ernesto y Cecilia, ambos separados y con chicos de su matrimonio anterior. Se conocieron hace 5 años. Los dos se divorciaron hace poco tiempo y no en buenos términos, sino con dificultades legales que desgastaron a los hijos y a ellos. Apenas se encontraron, tuvieron una sensación de comodidad. Después de tantas peleas vividas por fin llegó una especie de oasis. Hay fluidez, las situaciones se resuelven en forma rápida; lo hablan y consensúan. Esto de que la independencia que da el vivir en casas separadas es síntoma de un compromiso menor es un mito. Cada día que pasa sienten que están más comprometidos en la relación. La diferencia es que se eligen diariamente. Los dos lo deciden y están convencidos de vivir de esta forma. Eso es fundamental para que esta organización funcione bien. A pesar del gusto y del placer de estar juntos, ni se les ocurre convivir. Acomodaron el cuidado de los chicos para el mismo fin de semana; así, cada quince días pueden disfrutar de estar solos o de irse a algún lado. De este modo, alternan momentos de convivencia con momentos en los que cada uno reside en su propia casa. Cecilia y Ernesto tienen la seguridad de que la convivencia total termina fracasando, por eso ésta es una forma de cuidar el vínculo que incluye la cuestión de la libertad y de respetar la autonomía y la privacidad del otro.
Lo importante es la calidad del tiempo en el que están juntos y no la cantidad. Por eso, quieren estar “juntos pero no tanto”. Tener el baño y la cama ancha para uno solo, la libertad de decidir programas con amigos sin necesidad de preguntar. Y algo fundamental: piensan que la distancia aumenta el deseo y genera mayor romanticismo porque llegan a extrañarse.
Para evitar el desgate de la rutina y cuidar espacios propios, cada vez más parejas optan por vivir en casas separadas. Se trata de una alternativa frente a los múltiples modelos de familia que hoy existen.
Los británicos se refieren a esta modalidad de pareja como LAT (acrónimo de Living Apart Together que en castellano significa viviendo juntos pero separados).
Desde mi experiencia, esa decisión de relaciones con “cama afuera” no es la responsable exclusiva del éxito en una pareja. Eso no es lo que determina el bienestar de una relación. Lo que es importante es la negociación entre ellos; hablar de las expectativas, ponerlas en claro, no estar esperando algo que quizá nunca va a llegar; aceptar las diferencias y convivir con ellas; dialogar.
Por otro lado, es cierto que la convivencia y la rutina no es algo fácil de sobrellevar; aun para aquellos que viven un matrimonio exitoso. El hecho de compartir absolutamente todo implica una pérdida importante de privacidad e individualidad y, para alcanzar la felicidad dentro de estos parámetros, es necesario poner una enorme cuota de paciencia y compañerismo de ambas partes. Así y todo, hay quienes se sienten realizados compartiendo el día a día, a pesar de estos requerimientos.
En conclusión: esta forma de relación tiene muchos factores a favor. La mayor ventaja tiene que ver con la pasión, con mantener esa ilusión de la salida en pareja, de encontrarse cuando realmente lo desean, de prepararse para ese encuentro y hacer de esto un noviazgo eterno. Otra no menos importante es hacer aquellas cosas que deseamos sin estar supeditados a los deseos o necesidades del otro. Las desventajas son sentirse siempre un visitante en la casa de la pareja y a veces eso no resulta fácil. Sentir que la historia es menos comprometida por no incluir la vida en común, no solo en el territorio de la convivencia, sino en el tiempo. Esto muchas veces comienza a sembrar desconfianza. El miedo a la infidelidad suele provocar ciertas inquietudes en los involucrados. Nuestra cultura se complace a veces en dictar juicios acerca de lo correcto o perfecto de ciertas formas de vida. Por el contrario, creo que lo único indicado y “perfecto” es lo que cada pareja elige para sí misma.

Lic. Alicia Bittón
Psicóloga Clínica
Terapeuta familiar y de pareja
alicia.bitton10@gmail.com


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