Notas > TEMA DEL MES > SER RESILIENTE
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Cuando nos referimos a los metales resilientes, aludimos a la capacidad que tienen estos para recuperar su estructura luego de una deformación. Si lo llevamos al terreno humano, hablaríamos de personas resilientes al referirnos a aquellas que, habiendo pasado situaciones traumáticas, llegaron a recuperarse. Si bien es cierto que nunca serán los mismos, la experiencia de haber afrontado hechos terribles y rearmarse, los convierte en seres excepcionales.
 

Sobrevivientes de atentados, del holocausto, enfermos terminales, padres que perdieron a sus hijos, refugiados en campos humanitarios, migrantes, aluden a personas que tuvieron cambios drásticos en su vida y que, pese al dolor, encontraron nuevas alternativas y posibilidades para afrontar los desafíos. La experiencia les regaló coraje y salieron fortalecidos. A veces nos quedamos perplejos cuando vemos casos como el de Stephen Hawkings, cuya mente brillante continúa creando, aun sin poder moverse.
¿Cuándo estamos ante un caso de resiliencia? Cuando las personas, luego de una situación de crisis, encuentran en esa misma crisis una oportunidad. A menudo he escuchado a pacientes diciendo: “Fue un antes y un después”, refiriéndose a una enfermedad que superaron o a una catástrofe de la que pudieron sobrevivir. Y agregan: “No soy la misma, soy otra, reciclada”, “No voy a olvidar lo que viví. Nací de nuevo”. Es porque encontraron fortaleza en el dolor, no se dieron por vencidas y se empecinaron en luchar para salir adelante, encontrándole sentido a lo que aparentemente ya no lo tiene.
Esto de encontrar sentido me retrotrae a un Congreso de Terapia Familiar al que asistí hace unos cuantos años en Alemania; allí viví una experiencia que para mí fue inolvidable. Florence Kaslow, terapeuta americana, organizó un taller para gente que había sufrido o que estaba relacionada de alguna manera con el holocausto. Todos los concurrentes éramos terapeutas de familia o pareja, algunos con pacientes de esa temática, otros con parientes que habían sufrido pérdidas. Entre los concurrentes -un total de 25 personas- había un hombre joven y una mujer que eran hijos de nazis. Sus padres trabajaron en campos de exterminio y ellos descubrieron ese secreto familiar cuando fueron más grandes. La culpa de lo que habían hecho sus padres no los dejaba vivir, pero encontraron una forma de sanar las heridas. Fueron resilientes. Se instalaron en Israel y dedicaban sus vidas a ayudar a sobrevivientes de la guerra.
Hay ocasiones en que una persona pareciera tener un futuro sin posibilidades y, sin embargo, sale adelante. ¿Qué es lo que ayuda para que esto se produzca? ¿Por qué razón, algunos pueden y a otros les es imposible? ¿Cuánto uno trae consigo y cuánto se aprende? Hay características que son innatas y otras que tienen que ver con la historia personal, con los aprendizajes que tuvimos desde el nacimiento y, también, el tipo de adversidad que se esté atravesando. Es interesante observar los recursos que las personas van generando para poder afrontar las dificultades. Sin embargo, es llamativo que los que tuvieron éxito en ejercitar su resiliencia ante un hecho muy dramático no pueden manejar sucesos simples de su vida en los que deben tomar decisiones. Ante eso se atascan y frente a una desgracia aumentan su valor y se robustecen.
Todos tenemos una potencialidad innata para ser resilientes, pero el entorno familiar, los sostenes en los vínculos afectivos, son los que nos ayudarán a despertarla. Si nuestros primeros años de vida estuvieron rodeados de aceptación tendremos mayores posibilidades. Sentirnos aceptados es la condición básica para fortalecer nuestra autoestima. Esa seguridad es la que nos sirve de salvavidas para desapegarnos de lo terrible y avanzar. Podemos hablar de personas con mayor o con menor resiliencia. Estas últimas son las que se quedan aferradas al hecho traumático, lo recuerdan asiduamente, y terminan con un progresivo deterioro en el desempeño de su vida diaria.
La resiliencia se construye y los padres y la escuela deberían ser los encargados de su enseñanza. Los ejemplos de actitudes positivas frente a momentos difíciles son los que generan las ganas de imitarlos. Es fundamental la terapia como facilitadora de conversaciones en las que el paciente pueda descubrir sus recursos y fortalecer su resiliencia para afrontar etapas difíciles de la vida con estrategias de adaptación.
Recordemos que siempre se puede “volver a empezar”.

ALGUNAS SUGERENCIAS PARA TRABAJAR SOBRE LA RESILIENCIA:
• Confiar en tus capacidades.
• Asumir la dificultad como una oportunidad para ganar en conciencia.
• No intentar controlar todo para ganar en flexibilidad.

Lic. Alicia Bittón
Psicóloga Clínica
Terapeuta familiar y de pareja
alicia.bitton10@gmail.com



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