Notas > TEMA DEL MES > EL VALOR DEL PRESENTE
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A menudo, las personas no le damos valor al presente. Parece que estamos condicionados para registrar el pasado o el futuro, a pesar de ser el presente lo único que tenemos; en él influye lo que fue y se gesta lo que va a venir. Las personas que viven mirando hacia atrás, suelen conectarse o con circunstancias muy feas del pasado a las que no se quiere volver o con momentos muy lindos que se desean recuperar. En la otra vereda están los que siempre “miran para adelante”, individuos pendientes de lo “que está por venir”. En ambos casos, el presente se escurre. Es maravilloso tener proyectos, trabajar para lograrlos y también estar agradecidos con la herencia recibida, pero ¿por qué razón nos cuesta tanto disfrutar el presente? Para algunas personas “todo tiempo pasado fue mejor” y para otras “lo mejor está por llegar”: dos excusas para no involucrarnos con el hoy.
Julián, un arquitecto de 60 años tuvo éxitos importantes en su carrera. Diseñaba y dirigía obras y había conseguido una cantidad de inversionistas que se unían a sus proyectos apenas él los mostraba. Ganó bastante dinero y, sobre todo, muchas satisfacciones y reconocimiento profesional. Su vida social era muy animada. Estaba agotado por el trabajo, pero su autoestima no dejaba de crecer. Hace cinco años la situación cambió: proponía proyectos que no eran aceptados como antes; se dijo que, tal vez, estaba en un impasse en su trabajo. No se preocupó. No le faltaba dinero porque había hecho buenas inversiones; sin embargo, a medida que fue pasando el tiempo y la situación no mejoraba, empezó a deprimirse y a conectarse sólo con los éxitos pasados. Su cabeza “rumiaba” día y noche, se echaba culpas. ¿Qué le había pasado? No podía mirar su presente: una buena pareja, nietos, una situación acomodada, disfrutar de la familia, viajar. Lo consumían las comparaciones con lo que había sido y el pasado resultaba siempre ganador.
Una vez, su hija mayor lo llamó hacia el comienzo de las clases y le dijo: “Santi empieza primer grado y quiere que su abuelo lo lleve; ¿lo vas a acompañar?”. No de muy buena gana y por compromiso, dijo que sí. Al llegar a la ceremonia de ingreso se encontró con un colega muy exitoso en la profesión. Cuál fue su sorpresa al ver a esa persona, que siempre había idealizado, “perdiendo una mañana en el colegio”. ¿Sería que podía disfrutar de las cosas sencillas de la vida, además de estar involucrado en el trabajo? Esa experiencia lo hizo reflexionar.
Greta, de 35 años, trabajaba pensando sólo en el futuro. Se había recibido de Diseñadora de Indumentaria. Con esfuerzo y la ayuda de algunos familiares, logró poner una boutique de estilo muy personal. Llevaba unos años conviviendo con Joaquín, médico, menor que ella. Los dos tenían ganas de ser padres, pero Greta quería esperar hasta que su negocio estuviese más afianzado. Su vida estaba condicionada de forma permanente por el trabajo. Cuando le surgía una salida, que incluso podía ser placentera para ella, la rechazaba porque le parecía que estaba descuidando el negocio. Sus frases a menudo comenzaban con: “Cuando logre…”. Las palabras “sacrificio”, “después”, “mañana”, “adelante” impregnaban su discurso. Lo tremendo era que la exigencia de alcanzar metas se convertía en una trampa que le impedía disfrutar de lo logrado. Cuando una amiga le propuso hacer un viaje, no pudo siquiera jugar con la idea. Para ella el presente servía solo para proyectar el futuro, no para vivirlo.
Aunque en los dos ejemplos los protagonistas tienen edades bien diferentes, ambos tienen un factor en común que no está referido a la edad: ninguno de ellos puede saborear el presente. Julián busca la felicidad en lo que ya sucedió y Greta quiere encontrarla en lo que va a venir. Los recuerdos maravillosos nos sirven para atesorarlos, para convocar nuestras sonrisas, para iluminarnos e impulsarnos hacia adelante. Los proyectos nos dan vida, entusiasmo, nuevas ideas. Pero lo único que no está ni atrás ni adelante es el aquí y el ahora: es el hoy.
Cuando nos distraemos de este instante preciso nuestros pensamientos se dispersan y tomamos la actitud de Julián o la de Greta. Recuperemos nuestro centro, nuestro equilibrio y paz interior. Pongamos la experiencia en el presente y la expectativa también.

Lic. Alicia Bittón
Psicóloga Clínica
Terapeuta familiar y de pareja
alicia.bitton10@gmail.com

Ilustración ALEXIS LAMALFA


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