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La isla que vibra. Cuba, la mayor de las islas del Caribe, la dueña de las playas paradisíacas y uno de los ejes por donde pasó buena parte de la historia del siglo XX, sigue siendo un punto turístico de gran atractivo dentro del continente. La calidez de su gente, la música -ensamble de sonidos africanos y europeos- y la diversidad de paisajes, convocan anualmente a casi cinco millones de viajeros de todo el mundo.
 
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Por Mariana HUNT

Inmersa en el mar Caribe, en un punto geopolítico estratégicoque marcó su historia y su destino, Cuba es un clásico del turismo mundial. Enfundados en bermudas, zapatillas cómodas y sombreros comprados a vendedores callejeros, los viajeros se entregan a las altas temperaturas, la cadencia y el ritmo cubanos.
Algunos deciden itinerarios más calmos y apuestan por la combinación de la estadía en un All Inclusive en un cayo, junto con el obligado paso por La Habana, la capital del país. Otros van más allá y se sumergen en las rutas, las selvas y los paisajes tropicales, probando la vida de Santa Clara, Trinidad o Santiago de Cuba. Las posibilidades son múltiples, y Cuba ha sabido mejorar con los años su oferta de hoteles, excursiones y opciones gastronómicas.
Ya sea a través de una agencia de viajes o de la mano de un buen mapa y la consulta en blogs especializados, la aventura será maravillosa e inolvidable.

LA HABANA, PUERTA DE ENTRADA
La Habana es la representación más simbólica de Cuba. Vibra. Es ruidosa, se mueve, cambia de colores con los movimientos del sol, se menea en las calles. La ciudad es, en parte, como muchas de sus postales: vintage, nostálgica, añoranza de los gloriosos años 50 y 60. Chevrolets antiguos, pintados de rosa chicle o verde esmeralda, reciclados en sus estructuras, pero con la prepotencia de antaño, recorren las avenidas con el viento a favor.
Una sabia decisión es iniciar el itinerario en la ciudad y luego volver, tras días de playa, selva y caminata, para reconocerla y redescubrirla.
Tres o cuatro días alcanzan para vivirla. Algunos puntos ineludibles son: el Capitolio, la inmensidad del Hotel Nacional, la belleza descomunal del Gran Teatro de La Habana, sobre el Paseo del Prado, y, por supuesto, los atardeceres a la vera del Malecón.
A pocas cuadras, uno puede sumergirse en la Habana Vieja, y dejarse llevar por los laberintos de casas coloridas, donde los límites entre las viviendas están difusos, y la ropa colgada gobierna los balcones. Lo cotidiano es ver vecinos tomando ron en las puertas y conductores de taxis (moto, bicicleta o auto) ofreciendo trayectos baratos, forzando el regateo.
No se pierda el Edificio Bacardí, primera construcción Art Decó de la ciudad y el Castillo de la Real Fuerza -declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO- levantado entre 1558 y 1577; es la fortaleza más antigua en pie de todas las Américas. El Museo de la Revolución es una visita obligada, especialmente para los que quieran ahondar en la historia cubana, ya que encontrarán fotografías, armas, documentos, banderas y salas dedicadas a los distintos hitos del país. Más alejada del centro -a unos 5 km- está la Plaza de la Revolución, con el monumento de 112 metros de altura al poeta nacional José Martí y la imagen icónica del Che Guevara, con su “Hasta la victoria siempre”. En ese punto confluyeron marchas multitudinarias y se escucharon extensos mensajes de Fidel Castro.
Por la tarde, visite La Bodeguita del Medio y el Floridita en jornadas distintas para saborear el ambiente de ambos lugares y conocer sus diferencias. El mojito de una y el daiquiri del otro, especialidades con un único homenajeado: el escritor Ernest Hemingway, una de las máximas plumas de la literatura moderna, que vivió en la isla promediando el siglo XX.
La ciudad se respira caminando. Demanda energía y ganas de encontrarse con habaneros dispuestos a contar historias, pero, especialmente hacer preguntas. Los cubanos son muy cultos y conversadores: siempre están deseosos de establecer una charla en cualquier esquina.

¿DÓNDE DORMIR Y COMER?
En La Habana, como en el resto de Cuba, hay una buena oferta de casas de familia que cuentan con la certificación para hospedar visitantes. Es muy fácil reconocerlas, ya que llevan un cartel azul con la frase “Arrendador divisa”. Muchos publican sus habitaciones en páginas como Airbnb, con toda la información sobre las comodidades y servicios. Los valores dependen de la zona y el tipo de hospedaje, pero se pueden encontrar lugares cómodos y bien ubicados desde los 1.000 pesos argentinos por noche para dos personas.
Hospédese en La Habana Centro y Habana Vieja si quiere estar cerca de los principales museos y atracciones, o en el barrio residencial El Vedado, de casonas amplias y veredas arboladas, ideal para familias o turistas que deseen noches más tranquilas. Acepte consejos o sugerencias, especialmente de quienes los hospedan: serán sus grandes aliados.
A la hora de comer, los “paladares” -restaurantes privados atendidos por sus dueños- son la última tendencia, y una opción muy buena. Son famosos “La Guarida”, casona en la que se filmó la película Fresa y Chocolate y “Doña Eutimia”, que se jacta de la mejor “ropa vieja” de la ciudad.
En cada cuadra hay bodegones, bares y cafés con música en vivo, sin despreciar las cenas que ofrecen los dueños de las casas que hospedan turistas. Aproveche también los desayunos abundantes con piña, mamey o guayaba, jugos naturales y huevos en tortilla o revueltos.
Para conocer las modernas tendencias culturales hay que visitar “La Fábrica de Arte Cubano”, sobre la calle 28 de El Vedado. Un espacio donde conviven las artes visuales, la danza, la fotografía, el cine, el teatro y las expresiones de las nuevas generaciones de la isla. Tiene también pistas para bailar música electrónica, reggaeton o salsa, además de bares para tomar deliciosos tragos.

GUÍA PARA NO PERDERSE LO MEJOR DE CUBA
Fuera de la ciudad, Cuba ofrece destinos ideales para relajarse, hundir los ojos en el mar turquesa y disfrutar de la paz del Caribe. La famosa playa Varadero tiene 22 kilómetros de costa sobre el Atlántico, cuenta con innumerables hoteles All Inclusive y una cancha de golf.
También, los cayos, islas e islotes son de una belleza desbordante. El Cayo Santa María, en particular, es ideal para hacer deportes acuáticos. El camino para llegar (un pedraplén de 48 kilómetros) transmite la sensación de estar navegando en medio del mar, pero arriba de un auto.
Trinidad está a unos 300 kilómetros al sureste de La Habana. Es una fotografía intacta de aquéllas que solo vimos en los manuales del colegio, pero no está quieta como en esas páginas. Sus antiguas calles de adoquines centenarios dan cierta ilusión de permanencia colonial. Puertas abiertas dejan salir la música: batá, bongó, cajón de rumba, voces profundas resonando en las casas bajas.
Es intensa, llena de jóvenes estudiantes y artistas, atiborrados en los escalones frente a la Casa de la Música, con una canchánchara en la mano (aguardiente, hielo, limón y miel), típica bebida de Trinidad. Servida casi siempre en un vaso de cerámica, se originó en la región oriental, durante la época de las guerras independentistas contra España. Es una inyección muy rápida de energía y sabor, capaz de levantar a cualquier turista agotado.
La ciudad colonial, Patrimonio Mundial de la Humanidad desde 1988, ofrece otra enorme razón para visitarla. Se trata de la Playa Ancón, un paraíso de arenas blancas y mar celeste, apenas a 11 kilómetros del centro urbano. Un último consejo: muy cerca de Trinidad se encuentra el Paisaje Natural Protegido “Topes de Collantes”, ideal para conocer cómo se planta y se cosecha el café cubano, y hasta probarlo mientras se observa la profundidad de la selva. Hay numerosas excursiones y paseos, tanto para los amantes del trekking como para los que prefieren caminatas menos exigentes.
En el extremo oriental de la isla, muy cerca de Guantánamo, Santiago de Cuba es la cara complementaria de La Habana. Visitarla estructura todo el viaje: está, literalmente, en la otra punta del país. Fue originalmente la capital de Cuba, y por allí ingresaron los primeros esclavos desde África, lo que marcó el inicio de lo que hoy es la cultura cubana, desde todo punto de vista.
No deje de visitar la Catedral, el Ayuntamiento, el Hotel Casa Granda (con una vista panorámica de Santiago imperdible) y el Club San Carlos. En las afueras, si sobra tiempo, hay que dedicarle un par de horas al Castillo de San Pedro de La Roca (o Castillo del Morro), fortificación militar renacentista construida en 1638 para proteger a la ciudad contra un ataque naval. Piratas, botines, guerras de independencia, puja contra Estados Unidos y España, preludio de la revolución, es todo lo que allí podrá ver.

Holguín, con su playa Guardalavaca, Cienfuegos, Santa Clara y Pinar del Río, son otras de las opciones que puede incluir un viaje con más tiempo. Si algo tiene Cuba, amplia y amable, es que hay algo para cada gusto y cada edad.

Consejos útiles para viajeros
• VISA. Es necesaria y se otorga para una entrada y salida a Cuba con una duración de 30 días prorrogables a 30 más. Se puede gestionar en agencias de viajes o líneas aéreas autorizadas, en consulados cubanos o en la sede de la embajada en nuestro país (Virrey del Pino 1810). De elegir esta última opción, recomendamos llegar temprano y tener paciencia. Las esperas son largas y los turnos limitados.
• MONEDA. Cuba tiene dos monedas: el peso cubano y el peso convertible (CUC), que es con el que se manejan los turistas. Se obtiene en cualquier casa de cambio (CADECA), presentando el pasaporte. Es fundamental contar con efectivo: en Cuba hay escasos lugares donde se acepten tarjetas de crédito.
• INTERNET. Hace apenas algunos años, era un sueño; hoy es una realidad, aunque limitada. Los puntos de conexión WiFi se encuentran, en su mayoría, en plazas, parques y al lado del Malecón. Para poder conectarse necesitará adquirir una tarjeta Nauta, en las sucursales de la compañía Etecsa, también con su pasaporte. Existen de 1 hora y de 5. Lo ideal es comprar varias al comenzar el viaje. Si bien solo es necesario raspar y obtener un usuario y contraseña, el procedimiento puede fallar y necesitar un par de intentos. Tenga paciencia y recuerde que está de vacaciones. (¡No es casual que la imagen de la tarjeta sea una joven meditando!).
• MAPAS. Si bien los cubanos siempre estarán dispuestos a guiarlos, tenga a mano un mapa en papel o en su celular, siempre que éste no requiera conexión para consultarlo.
• TRASLADOS. La oferta es amplia: el taxi colectivo (va siempre por una misma calle y se comparte); el taxi oficial (más caro y hasta un destino preciso); los colectivos o guaguas, que se pagan en moneda nacional; el Coco Taxi, a bordo de una motocicleta y la Bici Taxi. Incluso encontrará taxis traccionados por caballos. ¡Todo es viable!


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