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Un paraíso en medio del Pacífico. Es un destino singular, rico y diverso que podría definirse más como un viaje de aventuras que exclusivamente de sol y playa como suele pensarse. Ahora que el calor del verano se acerca y comenzamos a pensar en destinos de ensueño para disfrutarlo, es el mejor momento para mostrarles lo mejor de este paraíso enclavado en la mitad del Pacífico.
 
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Por Mariana Hunt y Agustina Fourquet

Hawaii ofrece desde volcanes en constante erupción cuyas lavas brotan y desembocan en el mar, hasta grandes rascacielos y autopistas en Honolulu, como cualquier ciudad norteamericana. Acantilados y precipicios vertiginosos, vegetación exuberante, cuevas de lava solidificada, y atardeceres imponentes con doble arcoíris. Es famoso por los campeonatos mundiales de surf con las olas más grandes del mundo o los documentales sobre el bombardeo japonés a la base naval de Pearl Harbor, que llevó a Estados Unidos a ingresar en la Segunda Guerra Mundial.
Hawaii es un archipiélago formado sobre volcanes que dieron lugar a cientos de islas a lo largo de más de 2.000 kilómetros, con ocho islas principales, de las cuales solo cuatro están abiertas al turismo: Oahu, Maui, Isla Grande y Kauai. Ubicado justo en el medio del Océano Pacífico y a más de 11.800 km de Buenos Aires, tal vez sea esa la razón por la que la idea que tenemos de estas islas venga dada solo por las películas de Hollywood, como Paraíso Hawaiano (1966), Jurassic Park (1993) o la serie Lost.
Hawaii se anexó como el estado número 50 de los Estados Unidos de Norteamérica en 1898, luego de décadas de inmigración de misioneros protestantes norteamericanos que se fueron haciendo del poder económico y político. Por 600 años había sido un reino independiente gobernado por los Kamehameha, descendientes de pueblos nativos de la Polinesia (provenientes de Tahití y Marquesa), los primeros en poblar estas islas.

Planificar bien el viaje
La forma en que se pueden recorrer las islas depende del tiempo y el dinero disponibles. A veces se lo piensa como un destino hippie, con gente que “hace dedo” o recorre las playas en bicicleta. Pero, debido a las distancias y a la diversidad de playas, bosques y montañas por visitar es necesario tener un auto. Todo está lejos y no hay buen sistema de transporte público. La mejor forma es alquilar un vehículo por internet y salir andando desde el aeropuerto de cada isla.
Una opción es quedarse tres noches en cada isla, por lo menos en Oahu, Maui y Kauai. Siempre quedarán actividades por hacer, no hay que frustrarse, no vaya a ser que por cumplir con todos los planes se pierda el espíritu aloha, justo en Hawaii.
Take it easy. Para ir de una isla a la otra existen vuelos low cost, de 30 minutos, por Hawaiian Airlines, que salen y llegan al Aeropuerto Internacional de Honolulu (HNL), el tercero más transitado de Estados Unidos, por la ubicación estratégica de la isla, justo en el medio del Océano Pacífico.
La oferta hotelera es grande. Por un lado están los all inclusive y los resorts más lujosos del mundo, y por otro, cientos de hostels surferos con modalidad Bed & Breakfast de diferente calidad. Es difícil encontrar alojamiento intermedio.

Oahu
Todos los vuelos internacionales llegan a Honolulu, capital de Hawaii, ubicada en la isla de Oahu. Por ese motivo, es probable que los visitantes conozcan primero la céntrica playa Waikiki y se decepcionen si esperaban encontrar arena blanca, agua transparente y enormes olas. Hay, en cambio, un pintoresco malecón junto a una playa angosta, con algunos locales de comida al paso que ofrecen Poke —plato típico de la isla, con todos los ingredientes del sushi, pero desarmado—, camas paraguayas colgadas entre las palmeras y surfistas novatos. Músicos callejeros de un lado y hoteles lujosos del otro.
Honolulu es una ciudad de una singularidad difícil de describir. Repleta de turistas norteamericanos para quienes vacacionar en Hawaii puede ser tan exótico, como para los que llegan desde el otro lado del mundo. También hay muchos turistas japoneses. La vida nocturna es muy intensa, aunque, para los estándares argentinos, todo termina muy temprano. De hecho, es difícil encontrar un restaurant para comer después de las 23 horas. Las mejores playas de Oahu se encuentran a media hora en auto: Lanikai Beach, del tipo caribe, y North Shore, la verdadera meca de los surfers con las olas más grandes del mundo. Si bien hay rutas internas que cortan la isla de manera transversal y permiten llegar más rápido, el plan es tomar la carretera que rodea la costa, la Kalanianaole Highway. El primer impulso es bajar en cada acantilado altísimo repleto de palmeras y vegetación verde fluo, y observar allá abajo cientos de puntitos negros, que no son más que surfers buscando olas.
Hay pequeñas poblaciones con casas construidas en otra época, de madera pintadas de colores pastel, que conservan los buzones para el cartero, adornados con flores de cayenas y tablas de surf pintadas. Allí todavía se pueden ver algunos pobladores descendientes de indígenas oriundos de la Polinesia.
Lanikai Beach está ubicada en una bahía a 20 km de Honolulu y se ajusta perfectamente a la idea de playa paradisíaca; algunos la consideran una de las mejores playas del mundo. Ya desde el auto se puede ver la postal: un faro que señala tímidamente la entrada, montañas de fondo y un mar turquesa imponente que forma una pileta natural de arenas blancas, y justo enfrente, dos islotes llamados Na Mokula. En invierno la playa está casi vacía, sólo algunos grupos de amigos toman unas cervezas. Eso sí, para pasar el día hay que llevar comida y bebida porque no hay puestos ni bares, solo angostos accesos públicos que se encuentran entre una casa y la otra para acceder al paraíso.
Para North Shore, la verdadera meca del surf hawaiano hay que reservar un día completo. Es la parte de la isla con más viento y puede que quienes la visiten no se animen ni siquiera a mojar los dedos de los pies en el mar. Allí se encuentra la Banzai Pipeline, una playa con olas que pueden alcanzar hasta 6 metros, especialmente peligrosas por sus arrecifes poco profundos, donde murieron una enorme cantidad de surfers y fotógrafos. En enero o febrero sólo hay gente local y estructuras sin desarmar de las competencias internacionales más famosas de surf que se organizan en diciembre.
Siguiendo la vuelta de la isla, que es muy grande, hay otras paradas recomendadas, como en el Shrimp Shack, en el 53-360 Kamehameha Highway, justo al lado de Ching Store, un viejo almacén de pueblo. Es un food truck amarillo, famoso por sus camarones empanados fritos acompañados con arroz (USD 11), que se comen en unas mesitas de madera tambaleantes, justo al lado de la ruta y frente al mar. Eso es Hawaii.
También pueden visitar Pearl Harbor, la base naval norteamericana bombardeada por Japón en 1941, hoy convertida en museo. Dos horas alcanzan para recorrer un submarino de la Segunda Guerra Mundial e ir en barco hasta el Memorial construido sobre el mar, en homenaje a las víctimas del bombardeo. El lugar tiene una retrospectiva que cuenta la historia desde los dos puntos de vista: el norteamericano y el japonés.

MAUI
que solo cuenta con salvavidas, abundante vegetación salvaje y ninguna construcción comercial. Para llegar, hay que caminar 400 metros desde la carretera.
Todo viajero que visite Maui debe hacer al menos una vez el Camino a Hana (Road to Hana). Si es en un descapotable, mejor, con buena música y mucha paciencia, ya que es un recorrido tan bello como peligroso y toma un día completo. Es un trayecto de 103 kilómetros hasta el pequeño poblado de Hana, ubicado en la costa este de la isla, y vale la pena. Hay que salir temprano por la mañana y tener pensado de antemano qué paradas hacer. Al inicio se encuentra Ho´okipa, la meca del Windsurf y el Kite, ubicadas debajo de un alto acantilado que funciona como tribuna para los espectadores. ¡Hay que atarse el pelo, el viento sopla fuerte!
Al retomar el camino para subir la montaña, la vegetación empieza a ponerse cada vez más tupida y el camino más angosto y serpenteante, con más de 600 curvas y 59 puentes; la selva es exuberante y aparecen los acantilados y precipicios vertiginosos. Hay paradas para visitar cataratas metidas en la selva donde bañarse —como las Twin Falls o las Three Bear—, jardines privados, parques para hacer caminatas y picnics, cuevas formadas por lava solidificada y, casi llegando al final, el imperdible Parque Estatal Wai´anapanapa, donde se encuentran las exóticas playas de arenas volcánicas negras. Una opción es hospedarse en el camping del parque y volver al día siguiente.

Kauai, the "Garden Island", con doble arcoíris
Es la más antigua de todas las islas que forman el archipiélago de Hawaii: tiene más de 6 millones de años. Sólo el 30% del territorio termina en playa, el resto son acantilados inaccesibles. Es una de las zonas con mayor índice de precipitaciones en el mundo, por eso la vegetación es tan selvática y tupida. Las opciones turísticas vuelven a estar divididas: Princeville con hoteles, resort y exclusivos clubs de golf, y Hanalei, un pequeño pueblito más hippie lleno de surfers, con gran oferta de hostels y food trucks.
Una de las postales más características de Kauai son los acantilados de la costa Na Pali (Pali significa precipicio) a los cuales solo se puede acceder a través de excursiones en helicóptero o barco. Con una altura de más de 1.000 metros, los acantilados de color verde, amarillo y naranja contrastan con el azul del mar. Los más aventureros tienen el Kalalau Trail, una excursión de trekking de 35 kilómetros que permite conocer la parte más salvaje de la isla.
Al norte de la isla hay una joya escondida: Ke´e Beach, un bosque en una playa desértica con enormes raíces desnudas por la erosión del mar crea un lugar encantado. A la izquierda, termina la playa y empiezan los altísimos acantilados donde las olas rompen con tanta fuerza, que el espectáculo del agua puede cautivarnos por horas. A la derecha, una playa virgen donde se suelen ver las hawaiian monk seals (foca autóctona) y los atardeceres más especiales de todo Hawaii, con su famoso doble arcoíris: uno se forma sobre los acantilados y el otro sobre el mar.

CONSEJOS ÚTILES
INTERNET.
La conexión varía según las zonas. En las grandes ciudades hay WiFi en todos los hoteles y hostels, mientras que en los lugares desérticos ni siquiera hay conexión telefónica. Se puede comprar una tarjeta SIM y los autos de alquiler de alta gama vienen con WiFi.
MAPAS. Para hacer recorridos de todo el día, lo recomendable es descargar el mapa para no depender de la conexión a Internet, y si es posible imprimirlo, para no depender de la batería del celular al momento del regreso.
REGALOS. Una camisa hawaiiana y collares de cayena, también llaveros con forma de tabla de surf y... ¿Por qué no? Un ukelele.


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