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Los vinos argentinos no sólo se destacan por su volumen de exportación o por la buena relación precio-calidad. Producimos excelentes etiquetas de gran calidad que merecen ser apreciados en las mejores copas.
 
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Texto: Diego Eidelman
diego@clubsycountries.com

Argentina tiene todo lo necesario para elaborar grandes vinos, el clima apropiado, la altura necesaria, los suelos adecuados, agua fresca, el Sol que siempre acompañay winemakers excelentes. No nos tenemos que sorprender al ver que marcas locales sean publicadas en algunos de los más respetados rankings del mundo o que reciban medallas en los principales concursos internacionales.
Si bien nos caracterizamos por producir vinos de buena calidad y los precios internacionales definitivamente nos favorecen en términos de exportaciones, día a día se pueden ver nuevas etiquetas de alta gama que están en los mismos podios triunfales que los más prestigiosos vinos del mundo.
Estos grandes vinos argentinos fascinan a los conocedores, por su concentración, equilibrio, potencia, estructura y sus notables características frutales. Habiendo dado cuenta de estas cualidades, es bueno repasar tips que son de gran utilidad para considerar en el momento de beber vinos de calidad. Más precisamente, en esta ocasión nos referiremos a las copas, implementosque muchas veces se descuidan y que puede cambiar diametralmente la correcta apreciación del vino. Las copas hacen posible apreciar el brillo, limpidez, colores y matices, descriptores aromáticos y gustativos del vino. En ellas se pueden reconocer tres secciones, el pie o base, el tallo y el cáliz. Cada una de esas partes tiene una razón de existencia y un motivo por el cual están construidas de determinado modo. El hecho de tomar la copa por el tallo o por el pie es útil para que nuestras manos se mantengan alejadas del contenido líquido, contaminándolo con olores y perfumes, transmitiendo la temperatura de nuestro cuerpo al vino e incluso opacando la nitidez del cristal con huellas digitales y la grasitud propia de la piel.
El tamaño y forma del cáliz tiene dos particularidades, hacer las veces de cámara aromática y variar el modo en el que el vino ingresa a nuestra boca. Cuando se gira suavemente el vino dentro de la copa, una finísima capa de vino queda adherida por instantes al interior de la misma. Esta delgada capa se evapora mucho más rápidamente que el resto del volumen del líquido y facilita la liberación de aromas. Por otra parte, la forma de cada copa está pensada para dirigir el flujo de vino a la correcta zona de sabor de la lengua, en donde se encuentran los receptores gustativos (papilas) y evitar que el primer contacto del vino se realice en zonas táctiles, como por ejemplo las encías, lo cual provocaría una incorrecta primera impresión.
Existen muchos tipos de copas, tal vez tantos modelos diferentes que llegan a confundir aún más al consumidor. El consejo general es utilizar copas de cristal sin color y que además carezcan de labrados, adornos o decoraciones. En cuanto a la forma, debe ser cómoda para manipularla y permitir hacer girar el vino en su interior, a fin de permitir su aireado. Es conveniente que la parte superior sea de menor diámetro que la sección media, porque de otro modo se perdería la concentración de aromas. En general, es aconsejable que los vinos blancos se beban en copas más pequeñas que los tintos, el motivo de esto radica en que, por un lado el vino se mantiene más fresco al servirse en pequeñas cantidades y además porque la superficie interna del cáliz es menor para favorecer la percepción de los aromas frutales y disminuir la volatilización de alcoholes.
Allá por la década de los ’60, Claus Josef Riedel fue el primero en descubrir que el diseño de la copa de cristal podía alterar la percepción del vino que contenía, en términos de aromas, gusto, balance y persistencia. Ese fue el puntapié inicial que lo llevó a crear copas adaptadas a las características de los diferentes tipos o estilos de vino. Hoy en día, la empresa cuenta prácticamente con una copa para cada estilo de vino en el mundo. En las degustaciones profesionales se utilizan copas que están estandarizadas internacionalmente a fin de que el recipiente no interfiera con el vino. A estas copas se las conoce como copas de degustación o normalizadas INAO (Instituto Nacional de Denominaciones de Origen), o también AFNOR (Asociación Francesa de Normalización). Son de cristal claro y tienen una capacidad de 220 ml, la altura es de 155 mm. con un diámetro y pie de 65 mm. de diámetro. Sólo se sirve un tercio de su capacidad, a fin de poder hacer girar con facilidad el vino dentro del cáliz y que desarrolle todas sus virtudes o defectos. A modo de corolario, resta por sugerir que si el vino a beber es un high-class, un homenaje que le podemos hacer es usar la mejor copa que podamos conseguir.


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