Notas > TURISMO > Trenhotel “Elipsos” París - Madrid
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Un viaje de ensueño en una moderna alfombra mágica. Aquéllos viajes en ferrocarril, cuando éramos pequeños y la Argentina estaba cruzada por más de 46.000 kilómetros de vías: “El Rayo de Sol” a Córdoba; “Los Arrayanes” a Bariloche; “El Libertador”, a Mendoza que combinaba con el Trasandino a Chile; El “Cinta de Plata” del Belgrano, a Salta y Jujuy que combinaba con los ferrocarriles bolivianos; “El Pampero” a Santa Rosa de Toay, en La Pampa, y por último “El Gran Capitán”, hasta Posadas, donde combinaba con el Ferrocarril Central Paraguayo hasta Asunción.
 
Texto: Carlos Daniel Arena

Ya no están más ¿Cómo pudo un país tan extenso arrancarse tantos miles y miles de kilómetros de vías férreas? Estas cavilaciones venían a la memoria del escriba, mientras cómodamente apoltronado observaba a través de la ventanilla panorámica del salón dormitorio “Preferente” veía desfilar rápidamente los suburbios de París, después de haber partido puntualmente de la Estación de Austerlitz a la orilla del mítico Sena.
El viaje en el trenhotel “Elipsos” es para recomendar vivamente, cosa que realizamos a través de estas líneas. El largo tren luce impecable en la plataforma 16; el personal del mismo solícitamente nos ubica en el coche dormitorio 4: el salón que nos toca es un pequeño departamento con baño completo y ducha; neceser para el viaje y enseguida la pregunta: ¿primer o segundo turno comedor? Ya el tren ha cobrado velocidad de expreso, hemos dejado los arrabales parisinos y como un misil de plata nos encaminamos hacia la primera parada en la histórica Orleans (cuna de Santa Juana de Arco).
El servicio a “la carte” del restaurante es perfecto y la atención esmeradísima. La pareja de experimentados mozos atiende a los pasajeros, y están atentos al más mínimo detalle. La presentación es de una pulcritud europea y los platos hablan de la habilidad del chef de a bordo. Los pasaportes los hemos entregado al personal del lugar que nos los devolverá media hora antes de llegar a Madrid. Un descanso más que reparador en una cama ya acomodada por el camarero del vagón y a primera hora de la mañana, luego de un abundante y bien dispuesto desayuno, estamos llegando a la estación Chamartin, en pleno corazón de Madrid.
¿Luna de Miel? (primera, segunda o tercera), ¿reconciliaciones?, ¿el toque final para enamorarse? El Elipsos, que une regularmente las ciudades de Madrid, París, Barcelona, Zurich y Milán, es el toque de distinción en el comienzo o el final feliz de un viaje por Europa. Después que llegue a destino le envía un mail a la columna y le cuenta. Verá que tengo razón. Al bajar en la estación de destino ya estará programando el próximo viaje en este tren fantástico. Verá que es así.
Para mayor información: www.elipsos.com


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