Notas > VINOS & GOURMET > El Multifacético Vino Espumante
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Ha estado en boca de todos a través de los siglos. Sus burbujas acariciaron los paladares de celebridades y personajes históricos como el mismo Napoleón, quien decía: “...en las victorias te mereces Champagne, en las derrotas, lo necesitas...”
 
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Texto: Diego Eidelman
diego@clubsycountries.com

Probablemente esta sea una de las bebidas alcohólicas que cuenta a su alrededor con más anécdotas e historias de todos los tiempos, las cuales se remontan a casi 300 años atrás.
En Francia, la cuna del Champagne, las principales zonas de cultivo son cuatro: la Montaña de Reims, el Valle de Marne, Côte des Blancs y Côte des Bar. Esta última se encuentra en el sudeste de la región de Champagne, bañada por ramificaciones del río Sena y separada de las otras tres zonas por cerca de 100 kilómetros. A una hora y media de distancia, viajando en auto, se encuentra la ciudad de Paris, y gracias a esta cercanía, se puede decir que quizás sea la capital más afortunada del mundo, por supuesto que en términos vitivinícolas.
En nuestras tierras nos hemos acostumbrado fuertemente a llamarlo Champagne, independientemente del hecho de saber que se lo puede denominar así solamente en la región homónima en Francia. Llamémoslo entonces Vino Espumante, Cava, Sparkling Wine, Spumanti, Sekt, Krim o sea como fuere, pero es innegable que este tipo de vino ha adoptado una amplísima gama de personalidades que se asocian con un extenso abanico de circunstancias. Se lo vincula con el romanticismo, con la elegancia y la distinción, el glamour y la seducción, pero también está íntimamente relacionado con los homenajes, triunfos y celebraciones. Desde el primer contacto visual que tenemos con la botella que lo contiene, podemos apreciar las suaves curvas que recuerdan la silueta de la mujer. Su suave tapón de corcho necesita de un fuerte bozal de alambre para retener la potencia interna causada por la presión del gas de sus burbujas (*). Desde el momento de verterlo, su espuma pugna por escaparse de la copa, como si estuviera vivo. Sus burbujas danzan alegremente y se comportan como si estuvieran respondiendo a patrones humanos de comportamiento, hasta que llegan a la superficie y estallan dibujando finas coronas circulares.
Además, tiene una cuota extra de misticismo debido al modo en que se le asignaron los nombres a los distintos tamaños de botellas que utiliza. Por un lado están las botellas estándar que son las más utilizadas, la botella Cuarto con 187 cm3, la Media con 375 cm3, la más difundida de 750 cm3 y la Magnum de 1,5 litros, equivalente al contenido de dos botellas, envase que también ha extendido su uso a los vinos tintos. Sin embargo, existe una peculiaridad en los nombres de las botellas de 3 ó más litros de capacidad, a las que se les dio nombres de reyes bíblicos. Por ejemplo, la botella de 3 litros, equivalente a 4 botellas de 750 cm3, se llama Jeroboam; la de 4,5 litros es la Reoboam, la de 6 litros se llama Matusalem, sobre quien se dice que vivió 969 años y murió en el año del Diluvio Universal. Continuando con los nombres, la botella de 9 litros se llama Salmanazar; la de 12 litros, Baltazar y la de 15 litros, que equivale a 20 botellas, se llama Nabucodonosor, como el rey babilonio. La botella de 18 litros es la Salomón y la Melchizedec, con una descomunal capacidad de 30 litros, equivalente a 40 botellas estándar. También existen otros dos tamaños, la Souverain y la Primat, equivalentes a 35 y 36 botellas respectivamente, pero que son vistas con menor frecuencia.
No cabe ninguna duda acerca de que estas botellas gigantes no han sido concebidas para el uso cotidiano ya que son absolutamente inmanejables. En cambio, se las utiliza en celebraciones, botadura de barcos o entrega de premios -recordemos el tradicional y festivo baño de espuma de las carreras de autos- Todo hace parecer que el vino espumante ha sido concebido muy inteligentemente y con una precisa estrategia que nos permite apreciarlo con cada uno de nuestros sentidos y que apunta directamente a nuestros sentimientos y la imaginación. Es un producto prácticamente perfecto, no importa el lado desde el cual se lo mire.

(*) De acuerdo con cálculos científicos, se determinó que a una temperatura de 20º C, la presión interna de una botella de Champagne de 750 cm3 es de 5 a 6 atmósferas. También se calculó que la cantidad de burbujas contenidas en una botella alcanza el asombroso número de 50 millones.


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